jueves, 3 de noviembre de 2022

Lección 156, Noveno Grado, Tercera Orden

 "Ganar el Mundo es Perder el Alma"


-Mensaje para los que buscan triunfar en la Vida-


"Detrás de toda gran fortuna hay un crimen"

(Juan Crisóstomo "Padre de la Iglesia)


"Porque ¿qué aprovechará el hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?"

(Marcos 8:36)


"En los cuales, entre los que se pierden, el dios de este mundo cegó la mente de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del glorioso evangelio de Cristo, el cual es la imagen de Dios."

(2a de Corintios 4:4)


"Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores."

(Timoteo 6:10)


La verdad que nos oculta la Historia, es que la Humanidad, en su conjunto, se encuentra en manos de la delincuencia organizada.


Cuando el Ser Humano no se conoce como Hijo de Dios, es Hijo del Mal, de la delincuencia, del crimen, del pecado y el Mal es lo que gobierna en éste Mundo; en tanto que el Mundo, como "Prisión Estelar", está construído con los ladrillos del Mal; en donde el Mal es calamidad, sufrimiento y dolor, tanto físico, como emocional y mental o espiritual.


El Bien, en éste Plano de Existencia, es una entelequia utópica, en tanto que lo que aquí prima es comer y luchar para no ser comido, aplastar para no ser aplastado, matar para no ser asesinado y ser astuto para no ser perjudicado.


Es por dicha causa que intentar conquistar el Mundo para triunfar en la vida es lo mismo que sumergirse en la entrañas del Mal y donde la vida del Alma es imposible. Luchar para conseguir nuestro bienestar personal supone, siempre, aunque no seamos conscientes, el perjudicar a alguien más; en tanto que en éste Mundo todo se mide mediante una balanza y si ponemos algo en uno de sus platillos es porque antes lo hemos quitado del otro y, bueno, en eso consiste el Delito y donde una consecución de delitos conforma la Carrera por triunfar en el Mundo. Un triunfo vano y efímero, en tanto que, al final, todo desaparece con la Muerte.


El verdadero Cristiano, el aspirante a la plena iniciación, permanece, ante los acontecimientos de la vida, pasivo e intentando no arroparse de los apegos procedentes de éste Mundo, porque conoce que involucrarse en la carrera por triunfar en la Vida, lleva consigo la pérdida de la propia Vida; es decir, del Alma.


En tanto que el Mal, las potestades del Aire, los arcontes, son quienes gobiernan en éste Mundo, alinearse con ellos supone aceptar su propio destino: la desaparición total cuando caiga el telón de la interpretación Cósmica que la vida es. Una vida que se desarrolla en el Teatro del Universo. Un Teatro que, como hemos dicho, es temporal y efímero.


Quienes luchan por triunfar en la vida están condenados a morir durante la función y no podrán disfrutar de las mieles posteriores a ella.


El buen Cristiano debe de conocer que se encuentra interpretando el papel de un Personaje ajeno a su propia Esencia. Identificar al Ser con el Personaje, la Personalidad, es un error muy común del yo; es decir, de la propia Personalidad que, en el fondo, es la que se deja llevar por esa carrera de supervivencia, aplastar y supuesto triunfo en el que los títeres del Sistema, del Mal, han convertido la vida en éste Mundo.


No caigáis en el error de creer que aprender cómo funcionan las leyes del Mundo os puede servir para dominar el Mundo y llegar a las más altas cotas de poder. Ese llegar a la cúspide supone la verdadera muerte del Alma. Sí, es cierto, conseguiste lo que buscabas, triunfar en la vida, y ello te ha llevado a la muerte definitiva, una de la que es imposible regresar como yo; es decir, como Personalidad consciente y con memoria de sus vivencias pasadas.


Mirad, el Adepto a la Iniciación de Cristo, observa el Mundo como mero espectador y jamás intenta algún tipo de protagonismo. Su enseñanza, más que mediante palabras, ya sean escritas o habladas, se transmiten mediante el ejemplo de su comportamiento; pero, aún así, no se esfuerza ansiosamente por mostrar la verdad a los otros. Depende de esos otros observar la verdad que muestra sutilmente, el verdadero Cristiano, mediante el mero vivir.


EL Cristiano es un mero observador, un espectador, casi invisible, que va de paso por la vida sin detenerse demasiado en un mismo lugar. Un Cristiano vive con lo puesto y no ansía más de lo imprescindible para mantenerse con vida y seguir siendo un nómada errante que observa, minuciosamente, todo lo que se encuentra al alcance de sus sentidos.


El Cristiano Rosacruz se sabe un Peregrino que llegó a éste Mundo mediante el Nacimiento del agua de la placenta de una Madre Biológica, y que lo abandonará, tras la muerte, mediante el Nacimiento del Espíritu.


Afanarse por las cosas de éste Mundo es lo que el Cristianismo nombra como Pecado. Pecar es delinquir, hacer el Mal, implicarse con éste Mundo y lastrarse con sus pesados y falsos tesoros. Si deseas triunfar en éste Mundo no te quedará otra que delinquir y embadurnarte del Mal de éste Mundo perecedero y provisional.


¿Entiendes lo que te digo?


En tus manos se encuentra elegir: Triunfar en éste Mundo y morir o mantenerte al margen de los avatares del Mundo y sobrevivir mediante Cristo, que vive en tí.


Aralba R+C