sábado, 24 de marzo de 2012

Hay otros mundos; pero están en éste








Parecía una mañana como cualquier otra. Tan temprano como las seis y media de la mañana. Terminaba de pasar por la canceladora el billete de mi bono transporte. Justo cuando me disponía a tomar asiento en el autobús escuché un extraño y agudo sonido que de inmediato interpreté como algo no externo sino surgido de mi interior.

No di demasiada importancia al hecho, dado que considero que no debió de durar más que algunos pocos segundos. Pasados unos minutos mientras leía mi libro habitual, escuché una clara voz que surgía del interior de mi cabeza y que me repetía con monótona insistencia la siguiente frase: Hay otros mundos; pero están en éste.

Justo después, cuando acabó la voz su discurso repetitivo, me sobresalté y por un instante me pareció dejar de respirar. Todo a mí alrededor parecía haber cambiado de forma drástica. Lo que había sido la estancia de la cabina del vehículo se había transformado en algo metálico brillante, redondeado  y de extrema limpieza, como si de una estancia hospitalaria se tratara. También noté como el movimiento del vehículo parecía haberse anulado.

Quise incorporarme del asiento; pero no pude dado que me encontraba sujeto por algún tipo de extraño arnés. Dirigí la mirada hacia el cristal que comunicaba, donde me encontraba, con el exterior. No había ni coches ni autobuses, tampoco camiones o motocicletas; por el contrario lo que pude observar eran unos extraños vehículos sin ruedas y con forma de balas que circulaban suspendidos en el aire por algún extraño método que me es desconocido.

Abandoné el espectáculo exterior para intentar concentrarme en mi entorno más cercano y entonces sucedió. Quedé estupefacto al comprobar que en el interior del vehículo que me llevaba no había ninguna persona, animal o planta que me fueran conocidos por la experiencia o la literatura. Todos, sin excepción, los pasajeros eran cosas para mí desconocidas: Una mantis religiosa de descomunal tamaño, una asquerosa oruga de cuyo lomo parecieran surgir una ristra de lustrosas y coloridas plantas.

No, lo sé, no eran nada de eso que especifico; pero es lo único que se me ha venido a la cabeza para intentar designar a semejante y extraña fauna. En ningún instante pude entender los guturales sonidos con los que parecían comunicarse entre sí.

Cuando el vehículo se detuvo en la parada, el arnés que me sujetaba al asiento  se desprendió liberándome, así que pude incorporarme. Lo que sucedió entonces no podría explicarlo de ningún modo. El caso es que una fuerza interior más fuerte que yo hizo que me levantase liándome a mamporros, a diestro y siniestro. La cabeza de una especie de hormiga voló cercenada a considerable distancia de su anterior propietario. La pata de un más extraño escarabajo fue arrancada con mis manos y una especie de moscardón verde lucía el abdomen que antes le había abierto con mis propias manos soltando una supurante y nauseabunda sustancia verdosa y de consistencia lechosa.

Me dispuse, como si nada hubiese sucedido, a salir por la puerta y bajar del extraño vehículo en que se había convertido mi autobús. Fue entonces cuando pude ver en un espejo que parecía un retrovisor mi propio  rostro si a eso tan extraordinario pudiera llamársele de tal modo. Un mudo grito de terror quedó confinado en el interior de mi faringe o laringe. Lo que allí se reflejaba no parecía el Ser que yo siempre había sido sino una especie de monstruo con cabeza de cangrejo de río y cuyos ojos pendían de lo que supuse pudiera tratarse de antenas.

Curiosamente yo era un bicho más como aquellos que había despedazado y permanecían inmóviles a mi alrededor. Sinceramente no sé el porqué; pero desistí de apearme allí y volví a lo que fuera mi asiento. Fue entonces cuando volví a sentir aquella experiencia de nuevo. Un estridente y casi inaudible ruido inundó hasta la última parcela de mi cerebro y volví a escuchar aquella desconocida voz que me decía: Hay otros mundos; pero están en éste.

Entreabrí, cargado de pánico y terror, mis ojos para contemplar que yo seguía en el autobús y que los pasajeros permanecían en sus asientos, eso sí adormilados y poco comunicativos,  como de costumbre. Toqué mis manos y mi rostro y comprobé que seguía  siendo yo. No había ningún monstruo por ninguna parte. Todo pareció ser una especie de breve ensoñación. Respiré con profundidad dos o tres veces  y comencé a sentirme más apacible y sosegado.

-          Debió quedarse dormido y tuvo una pesadilla –expresó el psiquiatra su veredicto.

-          Lo dudo mucho –contesté-, no se trata, ni mucho menos, de la primera vez que me suceden estos episodios tan extraños.

Me levanté del diván y estiré, con ambas manos, mi camiseta. Tomé una aguja de hacer punto que llevaba bien escondida y atravesé, sin algún pudor, el rostro de aquella extraña criatura entre insecto palo y lombriz de tierra.  Después salí al exterior con el único propósito de regresar a mi hogar con el fin de preparar la cacería del día siguiente. Atrás dejé al psiquiatra estrujándose los sexos intentando comprender que es lo que había sucedido en su presencia y que no era capaz de interpretar.

Aralba

domingo, 19 de febrero de 2012

Alba. Diario de una Ninfómana (Basado en hechos reales)




En realidad me llamo Teresa Rubio y soy psicóloga de profesión; pero dada la delicada situación de mi labor, tratar trastornos sexuales, decidí de cara a los clientes cambiar mi nombre real por este otro de batalla.

Siempre me llamó la atención el concepto Freudiano, tan extendido, acerca del sexo y como casi todos mis colegas habían terminado convirtiendo naturales desviaciones en algo negativo  y enfermizo. Ese fue el principal motivo por el que dediqué mi doctorado en psicología al controvertido Tema de la Adicción al Sexo. Enfermedad que a mí jamás llegó a convencerme que fuera tal antes de su estudio y que después de mi Tesis Doctoral quedaría descartada su existencia como patología médica. Por el contrario llegué a la conclusión de que solo se trataba de una novísima invención más para la manipulación de la conciencia del Ser Humano.

Después de mi experiencia académica decidí, como cualquier científica que se precie, en experimentar todas aquellas conclusiones a las que había llegado tras mis estudios teóricos y como no tenía a nadie más cerca que yo misma,  pues lo realicé en mi propia persona.

Tengo que reconocer que al principio no fue nada fácil romper con todos aquellos prejuicios morales, de índole religiosa, que llevaba a cuestas desde la más tierna infancia debido al adoctrinamiento, tanto familiar como escolar. Tuve que realizar un considerable esfuerzo para romper con toda aquella moralina que me había acompañado hasta ese instante, respecto a la sexualidad, y de algún modo, empezar desde cero; como una investigadora que se enfrenta a algo totalmente nuevo y desconocido.

Decidí que, al menos al principio, debería de comenzar mi trabajo con personas totalmente desconocidas y que no tuviesen cualquier tipo de concepto preconcebido acerca de mi persona ni yo de ellas.

Me disfracé, para enfrentarme al Campo de Batalla, con una minúscula minifalda ajustada de tejido rojo que apenas era capaz de ocultar parte de mis cachetes. Debajo y en lugar de braguitas me coloqué un barroco liguero negro que terminaba sustentando unas medias caladas del mismo tono. El calzado no era otro que unos manolos  de alto precio, igualmente carmesí, con unos tacones de clavo de casi veinte centímetros de longitud.

Algo de barata quincallería de colores llevaba en mi brazo izquierdo y un diminuto reloj Swatch, de color rosa, apresaba mi muñeca derecha. Apenas tapando mis tetas llevaba una camiseta de amplios tirantes en un color verde pastel. Los senos fui capaz de mantenerlos perfectamente firmes gracias a unos soportes adhesivos especiales que permanecían bien ocultos bajo la escueta vestimenta. Alrededor de mi cuello coloqué una gargantilla  de amplios eslabones de plata que sustentaban un pequeño conejito del mismo material. Otra cadenita del mismo metal contrastaba con el negro de la media sustentándose sobre mi tobillo derecho.

De esta guisa me aposté en una esquina de una calle cualquiera, aledaña a la famosísima Ballesta, cerca de la corredera baja de San Pablo en Madrid, a la espera de que algún espécimen de macho humano callera en mi suntuosa trampa; solo comparable a la del más paciente etólogo.

Algunos babosos salidos se fueron acercando a mí; pero a todos y a cada uno de ellos pude quitármelos de encima sin demasiado esfuerzo. Estaba allí para captar a alguien que considerase presuntamente normal, no a pervertidos viciosos en busca de busconas sedientas de unas pocas monedas.

A caballo pasado, tengo que reconocer que no fue una tarea sencilla; dado que en aquella zona madrileña lo que era más fácil de encontrar era justo lo que no iba buscando; pero insistí durante tres días más. Junto entonces un individuo, algo más joven que yo y de apariencia despistada iba caminando por la acera de enfrente a la que yo me encontraba, pareció fijarse en mí de forma sutil y de reojo.

Al principio no supe captar su verdadero interés; pero pronto me resultó evidente, cuando al cabo de unos pocos minutos desanduvo su camino hasta volver a pasar tímidamente delante de mí. Ahora sí me fijé en su disimulada observación pero cargada de interés por lo que yo significaría para él.
No queriendo perder esa oportunidad de oro me dirigí hacia él alzando un tanto la voz.

_ ¡Oye tú! – El espécimen se quedó parado como si hubiese sido atrapado por algún tipo de resorte y miró a su alrededor como si no fuese con él. Como no podía ser de otro modo terminó su mirada encontrando la mía.

_ ¿Es a mí? – Preguntó con voz temblorosa.

_No veo a nadie más – dije mientras le reglaba con una leve sonrisa.

Se dispuso a continuar su incierto camino tras un evidente titubeo que me hizo comprender que sus defensas empezaban a bajar.

_ ¡Chico!, no te arrepentirás – dije tajante, mientras le acribillaba con mi felina y sensual mirada.

El chico terminó cruzando la calle para llegar hasta donde yo me encontraba. Su acercamiento fue lento y progresivo hasta situarse a una breve distancia que debió de considerar como segura.

_ ¡Se, Señora!, ¿Es, es conmigo? - Tartamudeó su pregunta lo que denotaba su evidente nerviosismo.

_ ¿Con quien va a ser? ¡Rubito guapo!

_ ¿Sabes lo que soy chaval? – continué con insolencia.

_Me..me llamo Juan y su.. supongo que tú serás una lumi.

_¿Como dices? – intenté parecer ignorante ante su calificativo.

_No…no sé Señora, una meretriz, una prostituta…, no sé…

Solté una dulce aunque sonora carcajada  antes de que acabara con el repertorio nominal de la profesión más antigua del mundo. También pude darme cuenta de su mentira cuando mencionó ese nombre de Juan. Era natural que ante una mentira se respondiese con otra del mismo calibre; pero no insistí en tal pequeñez.

_Juan, gracias por presentarte sin habértelo solicitado. Mi nombre es Alba y no, estás equivocado, no soy una puta. Puta es aquella que cobra a cambio de entregar su cuerpo o parte de él a otro ser humano. Si tú quieres yo te lo haré gratis.

Los ojos del supuesto Juan parecieron querer salir de sus órbitas y su inquisitiva mirada realizaba continuos viajes de mi rostro a las visibles y prominentes tetas y de éstas a lo más alto de mis muslos, intuyendo su frágil mente, entiendo yo, la inexistencia de aunque fuera un diminuto y efímero tanga que tapara un tembloroso, húmedo y caliente coño listo para ser amado.

_Alba, yo no…yo no… - tartamudeó-, lo cierto es que no pasaba por aquí buscando a alguien como tú –mentía -. De hecho no llevo dinero alguno y no quisiera hacer que perdieras tu valioso tiempo. Alba, perdona, ya, ya me voy. Sí…

Quien se había denominado como Juan parecía un extraño engendro entre flan y gelatina que no supiera si salir corriendo como alma que lleva el diablo, tirarse al suelo con flojera y hacerse un ovillo a modo de erizo o empezar a meterme mano de forma compulsiva sin tener en cuenta los naturales viandantes de la zona.  Justo cuando iba a realizar lo primero,  salir por patas, le agarré, lo más fuerte que pude con mis diminutas manos, de su musculoso brazo impidiendo así que pudiera realizar su inconsciente propósito.

_Juan, no temas no soy peligrosa, te repito que no soy una puta ni tengo un ejército de chulos esperando a desvalijarte o esperando que se yo lo que se te está pasando por la cabeza. No necesito ese dinero que dices que no llevas contigo. Nuestras miradas se volvieron a cruzar por enésima vez terminando por fulminarnos mutuamente. Ahora sí estaba segura de que Juan sin nombre había bajado, del todo, sus instintivas armas y se encontraba a mis expensas sin defensa posible.

_¡Ven conmigo! – reafirmé mis palabras con un cariñoso gesto y una pícara sonrisa.

Durante un breve instante, intenté ponerme en lugar de aquel atractivo joven que me parecía del todo inocente y comprendí la cantidad de inconexas imágenes que debían de estar pasando por su mente a la velocidad de un tren expreso: ¿Querrá violarme? ¿Acaso robarme? ¿Podría matarme o devorarme? ¿Me llevará a las puertas del infierno? ¿Habrá una sanguinaria secta esperándonos?

Al contrario de lo que suponía que esperase Juan, llegamos a las puertas de un conocido y pequeño hotel de lujo de aquella zona de Madrid. Nada de una mugrienta pensión cargada de pulgas y pegajosas ladillas.

El Botones que ya fuera aleccionado, con anterioridad por mí, nos dejó pasar y nos acompañó hasta la habitación que había alquilado para este menester.
 
Tal y como estaba previsto, los responsables del hotel habían dejado sobre una pequeña mesa de salón unas rosas rojas y una hermosa botella de Don Perignón, bien refrigerada, dentro de un recipiente de plata cargado con abundantes cubitos de hielo. Solo una suave gamuza separaba el sólido elemento acuoso del cristal de tan valiosa botella de champagne. Justo al lado había ambas bandejitas de plata, también, conteniendo unos pocos canapés salados y algunos dulces pastelitos variados.

Ya bastante más tranquilo y sosegado, pasado el primer susto, el supuesto Juan se dirigió a mí mientras su mirada no dejaba de devorar de forma insaciable mi cuerpo. Antes de hablar respiró un par de veces de forma profunda.

_¡Alba!, ¿Es ese tu nombre? – preguntó ya de manera relajada.

No pude dejar de reír.

_Claro que no, como si no; pero para ti sí que lo soy ahora mismo; pero yo también sé que tú no te llamas Juan; pero igualmente tú lo eres para mí ahora – El muchacho se sonrojó al ver que había descubierto su inocente embuste.

_¿Que quieres de mí? – preguntó mientras su mirada se volvía, por momentos, más y más libidinosa.

_¿Tu que crees? – contesté sonriéndole con cariño.

_¿Quieres que te haga el amor?

_¿Amor?, ja,ja,ja, no seas cursi  - le respondí con una dura mirada - ¡No! Quiero que me jodas, necesito que jodamos como los animales en celo que somos ¿crees que podrás? o ¿no serás marica?

_Pero, no… - su nerviosismo era evidente -, no, digo que no lo soy. No soy eso que tú dices, me gustan las chicas, las mujeres como tú. Tú me gustas mucho Alba. Llevo viéndote en aquella esquina desde hace tres días. Ahora mismo regresaba a la Universidad para continuar mis estudios de Ingeniería en telecomunicaciones y lo he dejado todo por ti. Seguro que me están esperando; pero tú me gustas mucho Alba. Hay algo en ti que es más fuerte que yo.  No sé…
_¡Joder, Lo que faltaba para el canto de un duro, un romántico enamoradizo! –grité con fuerza-, ¿De qué coño te has enamorado?, anda dilo… ¿De mi antinatural y artificial maquillaje acaso? ¡No!, el Señor ¿está soliviantado por este descomunal escote que deja entrever mis enormes tetas? ¡Ah sí, ya sé! – levanté mi corta y ajustada faldita roja para dejarle ver mi pelada raja-,  ¿estás enamoradísimo de este húmedo coño palpitante, afeitado y con un ligerísimo perfume a marisco?

Mientras le abofeteaba con mis sensuales palabras pude observar como su entrepierna se agitaba nerviosamente y aumentaba su volumen de forma considerable, hasta hacerse evidente que Juan estaba sufriendo una poderosa erección. Como mujer sabía que no debía de perder esta oportunidad única y me dirigí, como una felina, hasta situarme a la altura de su cintura.  Juan no dijo nada, se encontraba paralizado por el torrente de hormonas que debían de estar corriendo por su riego sanguíneo. Empezó a temblar, casi convulsivamente, mientras yo desabrochaba la cremallera de sus vaqueros y apartaba la portezuela de sus calzoncillos para poder liberar a su inquieto y apresado inquilino.

No se trataba de una picha de dimensiones considerables. Supongo que no tendría más de catorce o quince centímetros; pero estaba bien formada aunque con tendencia a desviarse hacia uno de los lados. Su glande se mantenía unido al pellejo del pene mediante el frenillo que no había sido jamás extirpado o cortado, lo que hacía que aquel mástil de carne, lleno de sangre, en lugar de alargarse, ensanchara hasta conseguir una considerable dureza.

Cogí entre mis manos aquel sonrosado artefacto y me lo llevé, sin contemplaciones, hacia la boca. Solté algo de saliva sobre la rajita del glande y pasé de forma repetida mi lengua sobre ella de forma repetida una, y otra, y otra vez. Nunca dejé de comprobar lo desvalido que estaba Juan ante mí, compungido de amor y de pasión tal y como me había hecho ver.  Si en aquel instante lo hubiese desvalijado o intentado matar habría puesto la misma resistencia que el macho de la mantis religiosa ante su hembra cuando ésta devora la cabeza de aquel mientras están copulando. Mi joven y rubio amante estaba a mi absoluta merced.

Después de trabajarme, durante un rato con caricias y más caricias, pellizcos y pequeños mordiscos en los huevos, la polla de Juan pareció aumentar de una forma imposible su calibre hasta parecerme que sobrepasaba los veinte centímetros.  Sí, aquel instrumento amatorio no era tan pequeño como yo había apreciado al principio. Los tenues quejidos, al principio, de mi amante se fueron convirtiendo in crescendo en auténticos berridos estentóreos de placer absoluto, por lo que comencé a rebajar mis masajes tanto manuales como bucales.

Sin haber tenido consciencia de cuando ni como había sucedido, ambos nos encontrábamos desnudos y acariciándonos mutuamente. No había parte de nuestro cuerpo que no hubiera estado sujeta a los lametazos de nuestras lenguas ni a los pequeños y amorosos apretones de nuestros dedos y nudillos.

Tras los naturales e instintivos preliminares, Juan se colocó sobre mí, que me encontraba tumbada de espaldas a la cama, y volvió a ofrecer su dura, lubricada y salada polla a mi boca, mientras que yo hacía lo propio con mi húmedo y palpitante coño caliente. El sonido del bombeo de su nabo dentro de mi boca y garganta se sincronizaba con el propio de él intentando absorber, con su boca, mis propios efluvios lubricantes.

Su glande penetraba dentro de lo más profundo de mi garganta, hundiendo mis labios hasta juntarse con las encías, llegando su minga a rozar mi campanilla de forma repetida. Eso provocó, en más de una ocasión que casi vomitara y lo habría hecho de haber tenido el estómago lleno. Por el contrario, ingentes cantidades de efluvios salivales, pre-digestivos, se unieron en un audaz vals líquido con su lubricante natural, a tal guisa, que pareciera, por un hipotético observador,  que mi amante estuviese sujeto a una eyaculación permanente.

Eso que yo sabía que se trataba de una ilusión óptica debido a la cercanía de mis ojos. Esa polla de veinte, treinta, cincuenta centímetros seguía realizando su trabajo mientras mi coño se dilataba monstruosamente apretando el secreto interior que aún ocultaba en mi ano y que reservo para sorpresa del lector, del que solo dejaba entrever una pequeña anilla de acero pulido y que mi partenaire aún no había tenido ocasión de preguntar del porqué de aquello.
No se produjo ninguna conversación entre nosotros. Yo no le pude decir que no me llamaba Alba sino Teresa Rubio hija de Álvaro Rubio y nieta de exiliados a la Unión Soviética cuando la República Española perdió la Guerra contra las huestes franquistas; pero él tampoco tuvo ocasión de decirme su verdadero nombre. Humberto Romero se llamaba, cosa que descubriría mucho después cuando nos volviésemos a encontrar en un futuro cercano; pero en ese momento solo sabía que se trataba de un espécimen de estudio en un trabajo de post doctorado en psicología sexual. Para mí no se trataba, entonces, de  un posible amante sino de un sujeto de análisis y ahora lo estaba analizando como ningún Ser humano había sido jamás estudiado mientras realizaba el acto sexual. Era mi cobaya y este conejillo de indias estaba resultando mucho más interesante de lo que jamás habría podido imaginar.  

Su enorme y aceitosa polla seguía bombeando dentro de mi húmedo e insaciable coño de forma sincronizada de tal modo que pareciéramos una sola persona. De vez en cuando el paraba para evitar la pronta eyaculación de su semen en mi interior. Entonces dejaba que descansara para pasar yo a bombear ese incansable y heroico mástil digno de hacerle un monumento. En alguna ocasión creí escucharle canturrear la tabla de multiplicar, como si quisiera evadirse del placer dejando que su polla resistiese hasta que yo alcanzara el punto álgido para así llegar, al unísono, ambos el orgasmo.

_Espera – le dije jadeante-, ¿Juan has follado alguna vez por el culo?

_No, no – repitió mientras jadeaba de cansancio y su sudor se mezclaba con el mío propio hasta hacernos parecer dos delfines unidos en el medio de una mar salada.

De vez en cuando lamíamos nuestro salado sudor con fruición y bebíamos nuestras lágrimas que surgían espontáneas de puro placer. Lamí su ano mientras el intentaba hacer lo propio con el mío cuando se encontró con aquel extraño artefacto de acero, en forma de anillo que surgía del agujero de  mi culo y que se encontraba unido por un cordel de nylon a algo oculto en mi interior y aunque pudiera suponer de que se trataba solo yo conocía porque ahí lo había puesto antes de salir de cacería.

_¿Que es eso? ¡No, no! Voy a hacerte daño cariño mío. Te amo. ¿Qué llevas ahí dentro?

_Nada de eso Juan, estoy entrenada para este menester, tira del aro despacito; pero sin miedo hasta sacar de mi interior lo que llevo dentro.

Con sumo cuidado y mayor suavidad, si cabe, fueron saliendo del interior de mi recto no uno, ni dos, sino hasta tres, cuatro, cinco y seis bolas chinas, del tamaño de un pequeño puño femenino, unidas por un cordel común. Sonreí al comprobar la cara de incredulidad y sorpresa de mi joven amante.

Juan escupió repetidamente la poca saliva, que aún le quedaba en su boca, dentro de mi abierto y dilatado agujero anal. Sin perder la erección dado que aún no se había corrido me penetró por detrás con suave cariño y precisión. Empezó a bombear intentando no producirme daño alguno y haciendo lo posible para no correrse aún hasta que la naturaleza ya no pudo ser frenada durante más tiempo. Mientras él continuaba con su trabajo que tanto placer e instrucción me estaba suponiendo yo nunca dejé de acariciar mi sediento clítoris el cual se encontraba inflamado, por el trabajo realizado, hasta tomar la forma de un diminuto pene.

En un estertor de puro placer, Juan eyaculó su semen dentro de mi recto y el calor del fluido seminal acarició el tubo rectal mientras Juan no paraba de bombear y extender el semen dentro de mí.

_¿Te atreves a ir a por otro Juan? – pregunté sin parecer acosante y taxativa.

_Lo que tu quieras mi amor, soy tuyo y te quiero más que a nada en esta vida.

_Déjate de tonterías que acabamos de conocernos  y vete a limpiar al lavabo, tienes la polla llena de mierda.

Cuando volví a tenerlo a mi disposición, me costó bastante más trabajo endurecer su mástil, mediante besos y más besos, pellizcos y más pellizcos, mordisquitos y lametones; pero al final nuestro mutuo esfuerzo y tesón lo consiguió enderezando y cargando la carabina de nuevo.

El muy cabrón volvió a follarme como si yo fuese su puta cabra; pero en cuanto noté que se encontraba a punto de volver a correrse le dije que acercara su polla a mis labios y continué mi trabajo de succión  hasta que volvió a darme la señal adecuada de que se encontraba a punto de resultar ordeñado.

_Ya,ya,ya… Me voy, Dios…mío, Dios…

Entonces retiré, con rapidez, la polla de mi garganta sin nunca dejar de acariciarla  con la lengua hasta que el lechoso jugo seminal, con menor fuerza que la vez anterior, inundo mi boca y mi lengua, cayendo el exceso por entre la comisura de mis labios, hasta cubrir algunas gotas mi cuello formando una especie de collar de perlas. Ingerí parte del semen y el resto lo mantuve en mi boca mezclándolo con mi propia saliva para compartirlo con el presunto juan, ese Humberto Romero que algún día, en el futuro, se convertiría, no me cabía duda alguna, en lo que no había dejado de ser nunca, la otra mitad de mi alma. Disfrutamos de la Champagne y de los canapés y lo dejé marchar a su casa.

Quedé, falsamente, con  Juan en el mismo lugar para el día siguiente, en aquella misma esquina de la Calle de la Ballesta de Madrid; pero Alba, yo, no acudiría a aquella cita, dejando al falso Juan, verdadero Humberto Romero, sumido en la más profunda y triste de las melancolías. El espécimen me había dado mucho más de lo que habría esperado para completar, mi sesudo trabajo de psicología sexual; pero había descubierto que no podría seguir siendo un sujeto válido para el estudio, pues habíamos terminado enamorándonos, sino es que lo habíamos estado ya, desde  antes del tiempo y hasta el final de los tiempos.

Ahora me encuentro en la esquina de una calle del Barrio de Chamberí, en Madrid, esperando alguna pieza digna para poder ser cazada. Ya se me han acercado varios drogadictos, viejos y tuberculosos y a todos los he despachado sin mayor problema; porque yo solo busco especímenes limpios y útiles para mi experimento con los que poder demostrar mi Tesis Doctoral. A saber, que no existe la adicción al sexo como patología médica sino una terrible represión moral, de carácter religioso, por parte del Sistema que constituye la Sociedad.

Espera Teresa me dije, por aquí regresa uno que vi pasar hace poco. Me vuelve a mirar, este es mío ya no se me escapa, si lo sabré yo, Alba la ninfómana.

Alba Koshinaji    

sábado, 4 de febrero de 2012

La niña y su prado



Mi niña bonita corría por el prado verde, prado mojado. Lleva un lindo calzado; pero de escarcha empapado.

Corre que te corre va, mi niña bonita. Las suelas de cuero resbalan, y la hierba del suelo la toma en sus manos. Manos verdes, que entintan y engalana su blanco y lindo vestido de lana.

Mi niña bonita no llora, mi niña sonríe porque en la boca, el prado, un beso le ha dado. Llega corriendo al lado de su madre y contenta le dice, mira mamá, te gusta el beso que mi novio me ha dado.

Como ¿tú novio?

El prado madre, dice mi niña, el prado es mi novio. Tan suave, tan tierno y verde, siempre lampiño de arena y un poco mojado.
 
La madre se ríe, mi niña la mira, mi niña sonríe y me señala con su linda mano. Mama, tú también tienes que querer a mi lindo prado.

ARALBA

domingo, 4 de diciembre de 2011

El Arco Iris sobre Tebas


Añoranza (Aralba)
La Liberación del Iniciado
Después de tantos años, soy libre.
Fui grande y me persiguió la tragedia, cuando se derramó, en tiempos, mi filial sangre más querida.
Entonces comenzó para mi Alma un terrible suplicio que intenté enmascarar embarcándome en aventuras esotéricas de diverso calado.
Tebas, madre del conocimiento occidental.
Arco Iris, convenio de Dios con el Hombre.
Después de llover sobre la Ciudad Egipcia, salió el Sol; pero en el intervalo la luz se refractó en diversos colores, a cuál más irreal e inalcanzable.
Dolor, terrible dolor que me invade el Alma.
Me cubro con los libidinosos colores del Arco Iris y me harto del ignoto conocimiento Tebano.
El Placer de las infinitas manos del espectro cromático hacen que olvide mi terrible tragedia; pero arruina mi Vida, porque en el fondo, la Iniciación se encuentra en mi corazón y en el Seno de mi Amada, a la cual encuentro nada más salir de las brumas del Averno, esperándome con sus manos abiertas en cuenco ofreciéndome su ambrosia.
Arco multicolor, sede de un sincretismo obsesivo por la iniciación Tántrica; pero sin conseguir el despertar de Kundalini.
Monedas de Oro, Romanas y de todo tipo me son exigidas por el falso conocimiento esotérico de Tebas y por el falso Amor de las Vestales Rojas de la Secta de Miyo. La Kundalini despertará en breve, Amado, pero lo hará tu Amada Bruja Escarlata.
Cuando me encuentro desnudo y sin nada que llevarme a la boca, considero que mi ruina no es propia de un Iniciado de Occidente y tras haber saciado mis ansias autodestructivas, propias de alguien herido de muerte, soy elevado por el Destino, de nuevo, hacia mi perdida  aristocracia y condición.
De cero elevo de nuevo mi Vida y encuentro a mi Alma Gemela. Niña mía..., Bella del Alma. Cariño del Norte que como brisa del Cantábrico acaricia mi Ser hasta conferirle nueva Vida. Así recupero de nuevo la Energía que me fuera absorbida por los vampiros del falso conocimiento de la Nueva Tebas.
Yo maldigo el Arco Iris sobre Tebas. Luz negra que pierdes a hombre y a niñas. Falso conocimiento, que degradas hasta lo más elemental y sagrado del hombre y de la mujer como es su intimidad... y tras ésta su espíritu preciado e inmortal.
Las Manos Iniciadas de Occidente, ya conocidas de antaño, me ofrecen una oportunidad y retomo el camino altruista de la liberación, del in egoísmo y de la Felicidad.
Bella del Alma, voluptuosa Vestal, Hija predilecta de Isis y dulce Madre de la Trinidad. Cuantos buenos ratos pasamos juntos. Cuantas diferencias, normales, impidieron cuajar la felicidad por una eternidad. Es natural, ya que la naturaleza no conoce la perfección, ya que ésta solo se puede encontrar tras haber traspasado el Velo de la trascendente Verdad.
Se ha producido lo inevitable y la transición ha llegado. Ahora veo las cosas en su verdadera y magnífica dimensión. Hasta tal punto llega la imperfección, natural, que el lejano paso hacia la inmortalidad no nos ha sido, en vida, concedido. Kalil Gibran, entre otros, ya lo dijo. Existe una persecución eterna entre las almas gemelas; pero están condenadas a encontrarse, brevemente,  y besarse como el Sol y la Luna, tan solo en días de eclipse.
Bella del Alma, nacida bajo los auspicios de la brisa del mar, brevemente nos hemos visto y amado. Mejor así, ya que no ha dado tiempo a que el frío de las gélidas tierras del Norte separasen nuestro físico amor.
Duro trabajo nos propusimos, y más duro trabajo te ha quedado; pero te juro por los dioses del Olimpo, Ashgart y otras jerarquías celestiales, que mi enérgico espíritu siempre te estará cubriendo con su benévola sombra para que nada os falte a ti y a nuestros príncipes en este Mundo de lágrimas y dolor.
Tú eres Diosa despierta, Inteligente mujer digna de Cibeles. Demeter te confirió el don de la fecundidad y la trinidad de nuestra sangre deberá prosperar hasta conseguir la más alta Cima de la Felicidad. Eso está escrito y nada ni nadie lo podrá refutar.
Libre quedas mi Amada, de dar el paso que tú consideres mejor.
Ni yo, ni otro Iniciado jamás podremos decidir por ti. Tu Alma es Limpia, aunque fuerte y duro tu carácter como así debe de ser para sobrevivir en un Mundo realizado para la Lucha. Guerrera eres que sola o acompañada sabrás salir adelante, aunque la mayor carga escore tu espalda. 
Soy yo, el Serenísimo Iniciado que tras el divino tránsito hablo con mis palabras a través de las manos del poeta. Mi niño más querido después de mi progenie.
Ahora la Luz me es clara y la divinidad ha producido una ducha escocesa sobre mi yo inferior y lo que antes fuera Diablo con Virtudes o Ángel con defectos humanos, se ha convertido en una Entidad translúcida de luz blanca y perfección.
Ahora, ya lo veo claro.
Ese Arco Iris era Falso
La Doctrina de Tebas no era Real
El Vivir es el auténtico camino de la Iniciación y su rudeza sus pruebas.
Dulces manos tienes, mi Amada. Bronco carácter yo tenía en Vida; pero como un dolido niño a tu regazo pasaba cuando los miedos del no saber inundaban mi Alma. De noche la Bestia se transformaba en un inválido corderillo que susurraba a tus sutiles oídos el balido de mi Alma.
Ahora me encuentro frente a, mejor dicho arropado por, el Arco Iris Verdadero de la divinidad que me cubre como tu hacías, de noche, cuando me invadían los terrores del mal. El corazón se para, cual crisálida, para volver a latir, cerca de aquí en otro lugar,  con mayor ímpetu por toda la Eternidad.
Aquí os espero mis queridos, en la Verdadera Vida del Espíritu, que tan solo los que son valientes de vivir la dura y cotidiana realidad de la materia, son capaces de encontrar.
Todos conocemos la añoranza, del terruño y hasta de lo desconocido; pero ahora para mí eso no existe, porque desde lo alto os protejo de todo mal. Muchas manos tiene el destino. Muchos amores puros y dignos pueden servir de herramientas, para que la Diosa del Cantábrico y mis príncipes, como número cuatro puedan dar fe del número de la Tierra y del feliz fruto que el destino les depara.
Aquí se encuentra Tebas la Grande, no allí en la Tierra.
Aquí se encuentran nuestros Blancos amigos Tebanos, enzarzados en la construcción de los infinitos, sagrados y eternos rituales de Eleusis.
Tú, mi Diosa, mi amantísima Bruja Escarlata.
Llámame desde donde te encuentres y mi espíritu llegará a ti, de alguna forma. No sufras mi Bella Amiga, mi Bella Amada.
Aquí el Tiempo no existe y en un instante, que serán muchos años para vosotros, mis Amados retoños, amada y amigos cruzaréis el tránsito del velo; pero sabiendo esto que yo ya sé, la espera no se os hará larga y la felicidad inundará mi y vuestras inestimables Almas.

OUR

Serenísimo Gran Comendador de la Sagrada Orden del Ánfora

Desde el Eterno y Cristalino Templo Oriental

ARALBA

viernes, 25 de noviembre de 2011

El Incidente de "Brujasynescova"




La nave no se sostendría en el aire durante mucho tiempo más. Los generadores de gravedad estaban fallando y en breve dejarían de funcionar.


La "Brujasynescova" era una mole impresionante que podía contener dentro de su panza más de doce mil pasajeros junto a unos trescientos tripulantes fijos.


En ese instante sobrevolaba el centro de la gran ciudad federal de Macupaña y por cuyas calles y avenidas circulaban miles de autojets, estando las aceras repletas de viandantes que miraban hacia el cielo, comprobando con pavor como Brujasinescoba se precipitaba sobre sus cabezas.


Durante un instante parecía que fuera a aplastar las cúpulas de los edificios más altos de la ciudad. Alguna antena de comunicaciones fue arrastrada ante el avance de aquella monstruosidad de acero y titanio. Varios cascotes comenzaron a desprenderse y caer sobre los asustados ciudadanos y ocupantes de los vehículos que circulaban por sus calles.


La gente gritaba y se movía, de forma anárquica, intentando, unos entrar en las bocas de acceso al metropolitano, otros guarecerse en el interior de los más variopintos locales comerciales o de ocio.


Los chillidos se entremezclaban con el silencio absoluto de todos aquellos que, al ser aplastados por la multitud, perecían dejando de respirar e incapacitados para vocear. En cosa de segundos las calles dejaron de registrar movimiento alguno y los cadáveres se amontonaban a millares. De vez en cuando algún cuerpo mostraba estentóreos movimientos, indicando que allí quedaba, al menos, un hilillo de vitalidad.


Tras el silencio, se pudo escuchar el atronador ruido de unos potentes motores de inducción y que indicaba, a los escuchantes, que algo estaba sucediendo en el interior de Brujasynescova. Su tripulación había logrado, en un último instante, poner en marcha los motores auxiliares, lo que hizo que la poderosa nave de viajeros remontara altura para así poder alejarse de la poblada y maltrecha ciudadela.


Al día siguiente los periódicos de la metrópoli se hicieron eco del incidente acaecido y sus redactores pusieron el grito en el cielo porque no se había previsto la posibilidad de que sucediera una catástrofe de tal magnitud.


Las gentes volvían a salir a las calles como si se hubiese tratado de una mera anécdota y los autojets volvieron a circular por las calles y autovías de Macupaña. Solo las funerarias recibieron con gran alborozo las bienvenidas defunciones.


Bajó el número de parados al poder cubrirse las vacantes dejadas por los difuntos y la seguridad social pudo ahorrarse muchos millones de créditos en indemnizaciones por jubilación.


Como diría mi abuela: El muerto al hoyo y el vivo al bollo.


En El Estado Federal de Macupaña, sus ciudadanos siguieron actuando del mismo modo y no se realizó ninguna Ley para impedir que las gigantescas naves de pasajeros sobrevolaran la Ciudad.


Hacía generaciones que en el Nuevo Mundo no había guerras; pero los accidentes de grandes magnitudes se habían multiplicado por cien. Gracias al cielo eso significaba un gran soplo de aire fresco para la pervivencia de la población humana.


Aralba

martes, 15 de noviembre de 2011

ZARPA SINIESTRA

-Por fin nos encontramos de nuevo amadísimo Schuss, Ji,Ji,Ji.
-Chema, da demasiada importancia al contacto físico. En realidad eres un pelota irredento; pero me gusta. Si algo bueno ha salido de nuestra amistad, ha sido el saber dónde se encuentra tu minúsculo e insulso planeta.
-Vaya paliza que le dimos a los Karinas -volvió a dirigirse, el canino y bigotón Chema, al Pequeño Gran Almirante de la Federación de Planetas Sujetos-, ¿qué me va a tocar?
-Jodio pelota, Je, Je, Je, no te me ofendas, Je, Je, Je. ¿Cuándo realizamos otra carrerita? Ahora hablando en serio, creo que no te implicaste en exceso contra los Karina; de hecho, tus naves de guerra llegaron al Planeta Karín cuando ya todo había concluido...
-Pero Schuss -interrumpió Chemita, el Líder de los ignorados Spawnes-, no seas malo, mi gente se me echaba encima. Ya hubiese querido yo, que la implicación de nuestra armada espacial hubiese sido de mayor envergadura y rapidez...
-No hay excusas Chemi. O se es un Líder o se es un mentecato paz guato como tú. Te concedo una de las lunas desérticas del Sistema Karos. El planeta Karin lo reservo para que sea sojuzgado por mis leales y legendarias tropas. La jurisdicción de la Luna Casinadi, aunque pertenezca a las maltrechas tropas, amigas, de Lenon, podréis compartir ciertas tareas menores; como la recolección de las arenosas tierras lunares.
-Además, debes estarme agradecido que diera cobijo a tus hijos en mi planeta natal, Eua, cuando realizaron su procreador compromiso de futuro -continuó su perorata el exaltado Schuss. “Mira que traer niños retrasados a esta Galaxia” pensó Schuss mientras miraba a su contertulio por encima del hombro.
-Pero Schuss, mi Planeta necesita de Energía; ¿podríais compartir, Lenon y Eua con Spawnes, alguna de las minas menores de oleumdol?...
-Jodio por culo, como se dice en mi tierra vaquera, porque eres tan prolijo en ridiculeces. Tú mira por tu futuro y el de tu familia. ¿Qué te importan los habitantes de tu planeta?, ¿qué coño nos importa los famélicos habitantes de Karin? Qué se vayan a la mierda, ya que no sirven más que para demostrar el Poder que poseo sobre los habitantes de Eua y el resto de planetas, incluyendo el vuestro. Además no hagas que me enfade; si no quieres que mande a tus vecinos Romos a que invadan tu ridículo planeta...Je, Je, Je...
-Perdonar, venerado Schuss, nunca quise decir otra cosa que lo que acabas de plantear. Ya te estoy tremendamente agradecido por la ayuda que ha mostrado tu Nación en nuestra lucha contra los miserables separatistas de la Luna Escaria. ¿Apoyarás a mis secuaces en caso de que perdamos la carrera por el poder en Spawnes?
-A esto último amiguito Chema, te digo que me lo pensaré. En realidad, me importa un cojón de mico quien gobierne en tu Tierra. Quien llegue al poder en tu planeta, deberá rendir pleitesía a la Corte del Imperio; no obstante, si sigues siendo buenecito, te apoyaremos contra esos revolucionarios que os quieren echar del poder de vuestro ridículo terruño que se encuentra. ¿Dónde dijiste que estaba Chemita?..., que más da. No tiene la mayor importancia.
-¿Hacemos otra carrerilla Schuss?
-Oye tú, pero esta vez me quito las calzas de plomo que llevaba para endurecer los gemelos?
-Ji, Je, Ji, Je –rieron al unísono, mientras sus fuerzas armadas afilaban sus Zarpas, mirando con ojos de rapaz, a las profundidades del espacio en busca de cualquier otro planeta rebelde.
Aralba

martes, 8 de noviembre de 2011

LA GALAXIA CORPORATIVA


Año Seis mil y pico



Han transcurrido más de 20 años desde que la Gran Conflagración mundial dio el poder de la transmisión comercial a los Grandes Hierofas, poseedores del poder que mantiene desestructurado al Sistema Solar y al resto de la Galaxia. La estupidez humana ha hecho posible que un gran Agujero negro, económico, se desarrolle hasta abarcar a los confines de la galaxia; es quizá por esto por lo que a los dueños de todo se les ha venido a denominar como Grandes Agujeros Negros.

Poseedores del mayor imperio económico del Universo y de la más poderosa flota estelar, decidieron proteger sus bienes creando la Fundación para la protección de sus naves mercantes.

Cerricandaos, también llamado el Gran Pasador y el imponente Roncoplas conocido como el Gran Bronqueador, habían sido exiliados del planeta de los Obrinatos; poseedores de cierto conocimiento, en el tráfico estelar, fueron llamados por la presidencia de los Hierofas para dirigir la Gran Empresa Multifuncional que llevase a buen plan sus incógnitos propósitos, a saber: Acrecentar su poderoso agujero negro, tanto económico como político, hasta magnitudes Quasáricas; para ello, se arroparon con la leve sabiduría de ciertos componentes, también rescatados del exilio, como son Matalosporlobajo, denominado, en los bajos fondos como el Gran Siniestro y el bueno de Puntual el Auténtico.

Reuniéndose, estos, acordaron constituir la Gran Confederación Galáctica de los Protectores Estelares, cuya función era salvaguardar la flota de los Hierofas de cualquier contingencia nefasta que pudiera poner en peligro los fines de rapiña, que el Gran Agujero Negro pretendiera.

Cerricandaos y Roncoplas conformaron la más alta jerarquía de los Protectores Estelares, que hasta el presente se ha venido a denominar como Jerijetas. Para mantener su superior autoridad, nombraron a Matalosporlobajo y a Puntual como Negocilotas, parte de la jerarquía encargada de dirigir todos aquellos proyectos conducentes al fin propuesto.

Lógicamente, el Poder auténtico, siempre estuvo y al presente está en los Magníficos Hierofas que para realzar éste, su poder, aconsejaron la entrada como Negocilota a Nipasaná el Tesnico, encargado de toda la infraestructura o soporte práctico de Inteligencia Artificial.

Hecho esto, el Gran Jerijeta Cerricandaos introdujo en la jerarquía, mencionada, de los Negocilotas a Tranquivoces, también conocido como el coordinador de los cónsules estelares. Estos eran y son los encargados de representar a la Fundación en los diferentes planetas y engrosar las arcas de los Hierofas, consiguiendo que las flotas mercantiles y de piratería se unieran a la Gran Confederación de Protección Estelar.

Una vez conformada la célula de lo que vendría a ser el Centro del Universo y cuya sede se encuentra en el planeta más cercano del Sol, decidieron que debían aprovechar las migajas de los dinares estelares que los Hierofas no podían controlar y para ello se fundieron en una Organización, corporativa, de mutua ayuda donde los posteriores integrantes de la Fundación no pudieran penetrar...

Así actuaron durante breve tiempo, aprovechándose de un monopolio que no  tenía competencia entre los planetas habitados y que entonces eran conocidos. Viendo que el trabajo a desarrollar, a corto plazo, cada vez sería mayor decidieron sacar de otras confederaciones estelares a grandicerebros, para que se encargaran de ciertos trabajos a desarrollar.

Algunos de estos fueron Sir Gey Perceval que fue delegado del Negocilota conocido como el Gran Siniestro y Escurrecuyons, conocido como el Aguantabroncas que con el tiempo pasaron a formar parte de lo que hoy, en pleno siglo XXI, conocemos como los Negocicurrines, auténticos pilares de la Fundación; con ello, la confraternidad de los Jerijetas y de los Negocilotas afianzaban, para sí un futuro de ocio y prosperidad. Nipasana el Tesnico fue piedra fundamental de la operación manteniendo una Inteligencia Artificial que sólo era conocida por los Negocilotas Matalosporlobajo y Puntual; todo ello, avalado y potenciado por los Jerijetas; que tras haber pasado grandes penalidades en el exilio, decidieron comportarse, con los que a posteriori se denominarían como desgracicurrines, igual que sus anteriores mandos se habían comportado con ellos.

En pocos años estelares, los protectores desempeñaron correctamente su función al servicio de la flota mercante de los Hierofas.

Para desarrollar este trabajo, correctamente, tuvieron la inestimable aportación de diferentes organismos exteriores a la fundación como son los ya mencionados que representaban a la fundación en los confines de la Galaxia, a Juristas que se encargaban de reconducir todos aquellos altercados que se hubieran podido producir. Alguna Astronave de la Confederación Galáctica, así como los Inspectores, cuyo trabajo desarrollaban en dar valor en dinares galácticos a todos aquellos atestados que múltiplemente, cada día, se producían. No podemos olvidarnos de los distribuidores de combustible así como de materias primas que eran los objetos de tráfico de los Hierofas.

Sir Gey Perceval y Escurrecuyons, pasaron con el tiempo, como ya hemos mencionado, a formar un escalafón en la jerarquía denominada como Negocicurrines y que no poseían los privilegios, ya cerrados, de las Jerarquías superiores, pero encargados de que los desgracicurrines, autent1cos constructores del grueso de la Fundación rindieran para ganar su jornal, llenar sus propias arcas, y rellenar el agujero inmenso de los Hierofas.

Una vez instaurada esta Infra Jerarquía, y antes de esto, los Jerijetas y Negocilotas, exceptuando a Puntual también llamado el autentico, pasaron a formar parte de la gran flota de los Ociosos, cuyo tiempo inútil, no servía a nadie y ni tan siquiera a ellos mimos.

Tanto los Jerijetas como los Negocilotas, salvo excepciones, se aprovechaban de sus relaciones con los satélites y cobraban comisiones algunas veces insulsas y otras en especie; debemos constatar que los satélites ya mencionados eran o son todas aquellas organizaciones que trabajan para la Fundación pero sin pertenecer a ella.


Tras pasar ciertos años, habiéndose las altas Jerarquías desentendido de su puesto, habiendo delegado sus cargos en los Negocicurrines se produjo un altercado de grandes proporciones debido a algunos currilotas y que son los Desgracicurrines o trabajadores que pretendían llegar a puestos superiores, inconscientes de su misma imposibilidad.

Los Jerijetas y Negocilotas, llevados por una especie de neurosis persecutoria o paranoia decidieron castigar, por igual, a todos los desgracicurrines y currilotas, llevando a la masa productora de la fundación a unos niveles de descontento que no se han dado jamás en los tiempos históricos hasta el presente.

Los Hierofas hacían, con el transcurrir del tiempo, más negro y grande su agujero, ansioso de propiedades y dinares.

Dentro de sus posibilidades, los Jerijetas intentaban hacer lo mismo, dejando las migajas para los negocilotas y dando algo de cazo, de tarde en tarde, a los Negocicurrines.

Pasado un tiempo prudencial, los Desgracicurrines, hartos de ser explotados hicieron la guerra a los currilotas, destronándoles de sus ingenuas aspiraciones y unidos, ya, se enfrentaron a la fundación de malhechores.

Y esto os cuento, Sindico mío, para que veáis que la Constitución Inter Espacial, aún hoy en día no se cumple en la confederación de planetas unidos.

-Ingenuo Albany ¿Como pretendéis que el Sindicato Aero Espacial os apoye? ¿No sabéis que los Juristas de los Hierofas y de los Síndicos se dan la mano y se mantienen en Fraterna Corporatividad?
-Iros a tomar por...,
-y vos también.
-Me cago en la...,

El Hiper Espacio está corporativizado, ¿Quien lo descorporativizará? ¡El Señor que lo descorporativice, buen descorporativizador será!

Banj. . Banj. ..., Banj...
Joder, pero si se lo han cargado.

Mano izquierda sobre brazo derecho, alzamiento de puño derecho y vuelta a empezar.
El que tenga ojos para ver que vea. ¡De aquellos polvos, estos lodos!


P.D. Algunos negocicurrines se chivaron a los Hierofas de presuntas maniobras ladroniles, nunca demostradas, de los Protectores Estelares y fueron expulsados de la Federación. Los Hierofas, a partir de entonces, comenzaron a diezmar todo el activo de la Federación hasta que terminaron llevándola a la ruina total.

En el pasado reciente la Fundación para la Protección de las Naves Estelares fue dirigida por dos Equipos más, aparte del primero de Cerricandaos. En la actualidad, Año 6011, la Federación se está desmantelando tras una inmensa Supernova de proporciones cósmicas, y este que relata no es otro que el enterrador.

En realidad, queridos amigos, no hay ni buenos ni malos en esta Historia. No dejan de ser más que los mismos perros; pero con diferente collar.

Moraleja: No hay enemigo chico. Léase la Fábula de Esopo El Águila y el escarabajo


Aralba