Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos Surrealistas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos Surrealistas. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de septiembre de 2014

Vete a hacer puñetas con tus frases enlatadas y déjame con mis perritos y gatos


El que se pica ajos come


Ya van tres, querido, y no sé qué hacer contigo, besarte, abrazarte o mandarte a tomas por saco.

Un día por poco digo algo, supuestamente inapropiado, que iban a escuchar personas que no debían. Tú me llamaste la atención creo que de forma correcta y pensé, bueno, que había sido un error mío y que efectivamente iba a decir algo indebido.

Otro día me dices, por estos medios así como quien deja caer la cosa, que un Iniciado no debe decir según y qué cosas. Aún, no estando de acuerdo con tu criterio te di las gracias por el tirón de orejas y qué pensaría las cosas dos veces, mira por no tenerla más que nada, antes de sacarlas a la luz. Me extrañó tanto que pusieras tanto empeño en mi educación que entendí que se trataba de buena voluntad de tu parte hacia mí. Amor fraterno, vamos.

Hace nada de nada me paras y me dices más o menos que estás molesto y que no entiendes que vaya poniendo en el muro cosas como que a ver si aprendemos a poner otra cosa que frases enlatadas. Se te veía muy molesto e incluso, de forma impertinente, me llegaste a decir que tú no decías que te molestaban las foticos de perritos y gatos, todo esto sin yo decir ni mu. Te recuerdo Querido mío que las pongo en mi Muro y si no te gusta me borras y santas pascuas. Que no, pues seguiré teniendo material para mis reflexiones, fíjate que bien.

Bien Querido Amigo no tienes razón y te voy a decir porqué, porque esas cosas que digo completamente convencido de lo que digo, las pongo en mi muro y si tú las lees es porque te dá la gana y si es porque me sigues por mi presuntamente avezada literatura te doy las gracias más ufanas; pero me da que sea por otro motivo más ladino, quizá me vigilas. ¡Qué presunción la mía!

En segundo lugar, fíjate si mi rigor educativo es bajo que puse aquello, como otras cosas e incluso suelo poner palabras escatológicas, casi obcenas, como especie de revulsivo a esa costumbre, muy común y que me repatea de poner frases sacadas de contexto, en lugar de aportar reflexiones propias; pero aun así entiendo que te sientas molesto y por ello te dije que la próxima vez lo pensaría, dos veces. Evidentemente con la intención de no hacerte ni puñetero caso.

Recuerda que es mi Muro y por muy Iniciado que yo fuere, que no lo sé ni me importa, en mi Muro pongo lo que me venga en gana; pero fundamentalmente por un motivo, para ser yo mismo no ocultarme detrás de una falsa careta o mostrar un rostro de falsa bondad. Antonio tiene sus virtudes pero es un humano no un autómata cualquiera que ha aprendido bien su programa de mascarada.

No sé si es que piensas que te encuentras por encima de mí, de algunos o de todos. No me importa de veras, en mi casa tengo una gata, por cierto parte de mi familia, y es la que manda o sea que fíjate como me cayó tu impertinencia y lo que me importan los escalafones. Respeto siempre el escalafón siempre y cuando va acompañado de sabiduría y educación; pero educación verdadera, no fingida. ¿No sé si me entiendes querido amigo? Sabía que te darías por aludido.

Mira, dijo Ortega y Gasset que el Hombre es él y las circunstancias que lo rodean. Lo que yo sea se lo debo a la providencia; pero te aseguro que mis circunstancias son impuestas y últimamente, te lo aseguro, no estoy como para tirar cohetes. Se me muere la madre, me dejan en el paro, la Comunidad me deja sin prestación y tú me vienes, por tercera vez, a llamar la atención. Dime ¿Tengo que aguantar que cosas dichas sin malicia te las tomes de forma personal por tu escaso sentido del humor y me tenga que tragar tus bobadas?

No, mira querido Amigo porque cuando tú vas yo ya he regresado. Si me hubiese dedicado a la intriga política o empresarial o sindical probablemente sería un Hombre bien casado con hijos bien colocados que han ido a la Universidad y con suficiente dinero y tiempo como para dedicarme a hacer lo que mejor me viniera en gana por el bien de la humanidad o para destacar y crearme un nombre entre las gentes de mi alrededor. No, yo me he dedicado toda la vida a luchar personalmente contra este Sistema Injusto que impidió tanto a mí como a mi familia que pudiéramos sacar la cabeza del agua. A estudiar de forma autodidacta y a tocarle las pelotas a personas como tú.

He estado por tiempo en partidos políticos y sindicatos donde vi cómo se enarbolaban los estandartes de la intriga y la escalada. Marché de ellos por dignidad y a pesar de haber estado pagando durante años la militancia en un sindicato, por tí bien conocido, resulta que poco menos que no querían saber de mí. Aquí me tienes, sin madre sin trabajo y sin paro, haciéndome compañía una gatita a la que tú despectivamente te has referido como animalitos que te molestan.

Como ves, nunca me he movido por el dinero o el afán de poder, sino por el de conocimiento; de hecho siempre he repudiado esas actitudes porque sí, también se nos decía que teníamos que infiltrarnos en todos los lugares donde hubiese movimiento social: Asociaciones de vecinos, sindicatos, confesiones religiosas e incluso Clubes sociales y otras organizaciones filantrópicas. Dicen que un Siervo no puede servir a dos amos. ¿A quiénes, estamos sirviendo Amigo mío? Ya, ya veo que el fin último es a nosotros y a nuestra progenie.

Pues mira que te voy a decir que yo poco tengo que perder, dado que lo único que me queda es la Dignidad y esa, perdona querido, no te la voy a regalar ni a ti ni a tu afán de presumir.

Respecto a nuestro grado de iniciación lo dejo a tu elección dado que yo me conformo con saber que he venido aquí a aprender a morir. No a construir grandes catedrales ni movimientos sociales que en dos generaciones sean desmantelados. He venido a este mundo a Morir y en esa estamos, aprendiendo a ser lo más humildes posible; pero humilde puede ser el que algo tiene y yo, dado que poco poseo, ondeo eso poco, el pendón de mi elevada dignidad.

Esto va a quedar entre nosotros, por mi parte digo; evidentemente vos estaréis en vuestro derecho de hacer lo que bien tengáis por costumbre hacer y tildarme de lo que tengáis a bien proceder. No tengo miedo, de veras, y nada que perder.

No es por vos sino para los que vengan detrás, que sepan que con hueso duro han topado para roer, porque ya está bien oye, en esta vida desaparece uno como tú y surgen dos más y así hasta el infinito. Que cansinos, dejadme en paz.

Ocúpate de tus asuntos y de los de tu casa y no te metas en casa ajena para decorarla a tu conveniencia que ya tiene uno en los cojones canas.

Como vuelvas a reprobarme vamos a tener, al menos, unas palabritas, querido amigo.


Aralba

sábado, 24 de marzo de 2012

Hay otros mundos; pero están en éste








Parecía una mañana como cualquier otra. Tan temprano como las seis y media de la mañana. Terminaba de pasar por la canceladora el billete de mi bono transporte. Justo cuando me disponía a tomar asiento en el autobús escuché un extraño y agudo sonido que de inmediato interpreté como algo no externo sino surgido de mi interior.

No di demasiada importancia al hecho, dado que considero que no debió de durar más que algunos pocos segundos. Pasados unos minutos mientras leía mi libro habitual, escuché una clara voz que surgía del interior de mi cabeza y que me repetía con monótona insistencia la siguiente frase: Hay otros mundos; pero están en éste.

Justo después, cuando acabó la voz su discurso repetitivo, me sobresalté y por un instante me pareció dejar de respirar. Todo a mí alrededor parecía haber cambiado de forma drástica. Lo que había sido la estancia de la cabina del vehículo se había transformado en algo metálico brillante, redondeado  y de extrema limpieza, como si de una estancia hospitalaria se tratara. También noté como el movimiento del vehículo parecía haberse anulado.

Quise incorporarme del asiento; pero no pude dado que me encontraba sujeto por algún tipo de extraño arnés. Dirigí la mirada hacia el cristal que comunicaba, donde me encontraba, con el exterior. No había ni coches ni autobuses, tampoco camiones o motocicletas; por el contrario lo que pude observar eran unos extraños vehículos sin ruedas y con forma de balas que circulaban suspendidos en el aire por algún extraño método que me es desconocido.

Abandoné el espectáculo exterior para intentar concentrarme en mi entorno más cercano y entonces sucedió. Quedé estupefacto al comprobar que en el interior del vehículo que me llevaba no había ninguna persona, animal o planta que me fueran conocidos por la experiencia o la literatura. Todos, sin excepción, los pasajeros eran cosas para mí desconocidas: Una mantis religiosa de descomunal tamaño, una asquerosa oruga de cuyo lomo parecieran surgir una ristra de lustrosas y coloridas plantas.

No, lo sé, no eran nada de eso que especifico; pero es lo único que se me ha venido a la cabeza para intentar designar a semejante y extraña fauna. En ningún instante pude entender los guturales sonidos con los que parecían comunicarse entre sí.

Cuando el vehículo se detuvo en la parada, el arnés que me sujetaba al asiento  se desprendió liberándome, así que pude incorporarme. Lo que sucedió entonces no podría explicarlo de ningún modo. El caso es que una fuerza interior más fuerte que yo hizo que me levantase liándome a mamporros, a diestro y siniestro. La cabeza de una especie de hormiga voló cercenada a considerable distancia de su anterior propietario. La pata de un más extraño escarabajo fue arrancada con mis manos y una especie de moscardón verde lucía el abdomen que antes le había abierto con mis propias manos soltando una supurante y nauseabunda sustancia verdosa y de consistencia lechosa.

Me dispuse, como si nada hubiese sucedido, a salir por la puerta y bajar del extraño vehículo en que se había convertido mi autobús. Fue entonces cuando pude ver en un espejo que parecía un retrovisor mi propio  rostro si a eso tan extraordinario pudiera llamársele de tal modo. Un mudo grito de terror quedó confinado en el interior de mi faringe o laringe. Lo que allí se reflejaba no parecía el Ser que yo siempre había sido sino una especie de monstruo con cabeza de cangrejo de río y cuyos ojos pendían de lo que supuse pudiera tratarse de antenas.

Curiosamente yo era un bicho más como aquellos que había despedazado y permanecían inmóviles a mi alrededor. Sinceramente no sé el porqué; pero desistí de apearme allí y volví a lo que fuera mi asiento. Fue entonces cuando volví a sentir aquella experiencia de nuevo. Un estridente y casi inaudible ruido inundó hasta la última parcela de mi cerebro y volví a escuchar aquella desconocida voz que me decía: Hay otros mundos; pero están en éste.

Entreabrí, cargado de pánico y terror, mis ojos para contemplar que yo seguía en el autobús y que los pasajeros permanecían en sus asientos, eso sí adormilados y poco comunicativos,  como de costumbre. Toqué mis manos y mi rostro y comprobé que seguía  siendo yo. No había ningún monstruo por ninguna parte. Todo pareció ser una especie de breve ensoñación. Respiré con profundidad dos o tres veces  y comencé a sentirme más apacible y sosegado.

-          Debió quedarse dormido y tuvo una pesadilla –expresó el psiquiatra su veredicto.

-          Lo dudo mucho –contesté-, no se trata, ni mucho menos, de la primera vez que me suceden estos episodios tan extraños.

Me levanté del diván y estiré, con ambas manos, mi camiseta. Tomé una aguja de hacer punto que llevaba bien escondida y atravesé, sin algún pudor, el rostro de aquella extraña criatura entre insecto palo y lombriz de tierra.  Después salí al exterior con el único propósito de regresar a mi hogar con el fin de preparar la cacería del día siguiente. Atrás dejé al psiquiatra estrujándose los sexos intentando comprender que es lo que había sucedido en su presencia y que no era capaz de interpretar.

Aralba

martes, 15 de noviembre de 2011

ZARPA SINIESTRA

-Por fin nos encontramos de nuevo amadísimo Schuss, Ji,Ji,Ji.
-Chema, da demasiada importancia al contacto físico. En realidad eres un pelota irredento; pero me gusta. Si algo bueno ha salido de nuestra amistad, ha sido el saber dónde se encuentra tu minúsculo e insulso planeta.
-Vaya paliza que le dimos a los Karinas -volvió a dirigirse, el canino y bigotón Chema, al Pequeño Gran Almirante de la Federación de Planetas Sujetos-, ¿qué me va a tocar?
-Jodio pelota, Je, Je, Je, no te me ofendas, Je, Je, Je. ¿Cuándo realizamos otra carrerita? Ahora hablando en serio, creo que no te implicaste en exceso contra los Karina; de hecho, tus naves de guerra llegaron al Planeta Karín cuando ya todo había concluido...
-Pero Schuss -interrumpió Chemita, el Líder de los ignorados Spawnes-, no seas malo, mi gente se me echaba encima. Ya hubiese querido yo, que la implicación de nuestra armada espacial hubiese sido de mayor envergadura y rapidez...
-No hay excusas Chemi. O se es un Líder o se es un mentecato paz guato como tú. Te concedo una de las lunas desérticas del Sistema Karos. El planeta Karin lo reservo para que sea sojuzgado por mis leales y legendarias tropas. La jurisdicción de la Luna Casinadi, aunque pertenezca a las maltrechas tropas, amigas, de Lenon, podréis compartir ciertas tareas menores; como la recolección de las arenosas tierras lunares.
-Además, debes estarme agradecido que diera cobijo a tus hijos en mi planeta natal, Eua, cuando realizaron su procreador compromiso de futuro -continuó su perorata el exaltado Schuss. “Mira que traer niños retrasados a esta Galaxia” pensó Schuss mientras miraba a su contertulio por encima del hombro.
-Pero Schuss, mi Planeta necesita de Energía; ¿podríais compartir, Lenon y Eua con Spawnes, alguna de las minas menores de oleumdol?...
-Jodio por culo, como se dice en mi tierra vaquera, porque eres tan prolijo en ridiculeces. Tú mira por tu futuro y el de tu familia. ¿Qué te importan los habitantes de tu planeta?, ¿qué coño nos importa los famélicos habitantes de Karin? Qué se vayan a la mierda, ya que no sirven más que para demostrar el Poder que poseo sobre los habitantes de Eua y el resto de planetas, incluyendo el vuestro. Además no hagas que me enfade; si no quieres que mande a tus vecinos Romos a que invadan tu ridículo planeta...Je, Je, Je...
-Perdonar, venerado Schuss, nunca quise decir otra cosa que lo que acabas de plantear. Ya te estoy tremendamente agradecido por la ayuda que ha mostrado tu Nación en nuestra lucha contra los miserables separatistas de la Luna Escaria. ¿Apoyarás a mis secuaces en caso de que perdamos la carrera por el poder en Spawnes?
-A esto último amiguito Chema, te digo que me lo pensaré. En realidad, me importa un cojón de mico quien gobierne en tu Tierra. Quien llegue al poder en tu planeta, deberá rendir pleitesía a la Corte del Imperio; no obstante, si sigues siendo buenecito, te apoyaremos contra esos revolucionarios que os quieren echar del poder de vuestro ridículo terruño que se encuentra. ¿Dónde dijiste que estaba Chemita?..., que más da. No tiene la mayor importancia.
-¿Hacemos otra carrerilla Schuss?
-Oye tú, pero esta vez me quito las calzas de plomo que llevaba para endurecer los gemelos?
-Ji, Je, Ji, Je –rieron al unísono, mientras sus fuerzas armadas afilaban sus Zarpas, mirando con ojos de rapaz, a las profundidades del espacio en busca de cualquier otro planeta rebelde.
Aralba

domingo, 23 de octubre de 2011

LADRONES DE PIEDRAS


Era una mañana soleada…, que tontería estaba nublada y llovía a cántaros. Salíamos a pasear, por primera vez, mi amiga Pilar Boitone y yo. Lo de Boitone no era un mote porque estuviera locamente enamorada de la pasta Italiana, que también, sino porque su abuelo paterno era originario de la región italiana de la Toscana.
-¿Qué tal va el Curso Como nace un Libro?- preguntó la buena de Pilar
-Acabo de terminar Trenes en la Niebla, una novela desconcertante.
Voy a lo que importa. Nos impactó un meteorito en mitad de la carretera de Andalucía. Bueno, en realidad ni nos rozó porque de haberlo hecho, no estaría aquí para contarlo.
-¿Por qué?- volvió a interrogar mi acompañante.
-Se nota el Oficio de escritor, lenguaje claro y conciso. No se anda por las ramas y mantiene la intriga muy bien sin caer en la falsa rima o en lo que yo denomino como Palabros decorativos.
Salimos del vehículo, tras sacarlo de la calzada, y nos dirigimos a un cráter del que salía una humareda verdosa y cuyo olor semejaba al almizcle.
Mientras caminamos, Pilar me contestó que si era buena la Obra, porqué me había parecido desconcertante
Respondí que el final de la Obra no se correspondía con lo esperado por el lector. Se tenía que haber quedado, el protagonista, con Amalia y haber dejado a Mara; además, tendría que haber sido lógico y no haber dado un salto cuántico hacia la Ciencia Ficción.
Cogí del brazo a Pilar ya que parecía bastante ansiosa por contemplar el espectáculo que el cosmos nos había preparado. Le indiqué que podía ser peligroso. ¿Quién sabe las radiaciones que podría estar desprendiendo aquel objeto incandescente?
Solo con su mirada comprendí que podría parecerle un cobarde, sin mácula, e hice de tripas corazón y el apretón del brazo, por donde la tenía amarrada, se convirtió en un tirón de impaciencia al encuentro del misterio, intentando de algún modo, hacerla comprender que podía ser tan valeroso como un Harrison Ford o un Clint Eastwood. Pero lo cierto es que no era más que un Dustin Hoffman o un Woody Allen cualquiera.
Las cosas extrañas suceden también en la realidad, me reprochó Pilar.
Sí, pero la gente no desaparece en agujeros temporales, contesté, eso solo sucede en Star Trek y poco más.
Aquel objeto enorme, que instantes atrás había surcado el espacio sideral, se había convertido en un objeto negro como el carbón de no más de cinco centímetros de grosor. Esperamos a que se enfriara y Pilar hizo ademán de tomarlo con sus manos. Estás loca le dije. Te podrías quemar, como poco, maticé.
Me acerqué al automóvil y tomé unos guantes de mecánico que siempre suelo llevar por si acaso. Tomé el objeto y lo guardé justo cuando empezaron a oírse las sirenas de la policía y los bomberos.
Al final parece que la Vida está llena de sorpresas me apuntó irónicamente Pilar.
Aún lo conservamos en casa. Nos ha dado mucha suerte a pesar de que somos conscientes de que esa apropiación, de nuestra parte estaba muy mal. Ladrones del espacio podrían llamarnos; pero sigue siendo nuestro talismán para una buena relación y que se encuentra perfectamente consolidada. Además, la piedra negra, una vez limpia del hollín mostró una magnífica esmeralda de un tamaño descomunal.
Pilar me dice que la regalemos al museo de Ciencias Naturales de Madrid. Quizá lo hagamos, cuando nos nazca nuestro primer Hijo. No queremos que con el tiempo, la criatura piense que sus padres son unos vulgares ladrones de piedras espaciales.
Aralba

martes, 18 de octubre de 2011

LA LIMPIÁ

Estaba meditando en lo que podría haberle pasado a Morgana, aquella tétrica noche de Jorge Eduardo Benavides. ¿Se trataba de un miedo infundado, la protegería la luz del amanecer al llegar a la azotea o terminaría siendo violada y asesinada?
En esos pormenores me encontraba cuando recibí la llamada desconsolada de mi amiga Paloma. En realidad se trataba de un mensaje pues no había podido contestar el celular que se encontraba cargando.
Creo que Alberto está perdiendo la chaveta, decía. Por favor habla con el…
Tanto Alberto como yo habíamos asistido a diversos talleres de escritura donde, en principio, debían proporcionarnos unas pequeñas nociones y técnicas esenciales con el fin de exponer las ideas impresas sobre el papel, nunca unas cadenas que terminaran encarcelando nuestra imaginación.
Paloma me recibió preocupada. Me hizo pasar al salón y allí estaba Alberto, como de costumbre, escuchando alguna buena pieza de música clásica. En principio no me fijé en varias bolsas que se encontraban detrás de la puerta del salón.
Paloma no podía ni hablar. Sus ojos mostraban el pánico producido por la incomprensión. Dile algo a mi marido, por favor, dile algo…, está destrozando el legado familiar.
Seguramente, en aquel instante, mi expresión no habría sido muy diferente de una mayúscula interrogación.
Alberto me dio la bienvenida, regalándome con una sonrisa, y me ofreció un buen güisqui escocés  que, como de costumbre, no rechacé.

Todo parecía en orden. La biblioteca en perfecto estado de revista. Todo limpio y sin mácula. Enséñale los libros a Javier, dijo Paloma, enséñale los libros repitió con voz temblorosa e insistente.
Se encuentran a tu disposición. Todo tuyo dijo, sin más, señalando la estantería.
Cogí algún que otro libro al azar y cual fue mi sorpresa cuando comprobé que todos y cada uno de aquellos volúmenes se encontraban mutilados, cercenados, deshojados.
¿Qué has hecho Alberto? ¡Dios mío! Has destrozado la biblioteca casi grité, todavía incrédulo de lo que mis ojos contemplaban y mi mente se negaba a aceptar.
¿Cuál es el valor de un libro? Me preguntó, ¿el económico o el literario? Demasiada paja, dijo, giros y metáforas fuera de lugar, ardides seudo intelectuales encubiertos en hipotéticas y falsas segundas lecturas. La verdadera retórica sustituida por sofismas y fuegos de artificio.
¿Has aprendido algo en los talleres de escritura?, dije ya bastante malhumorado por lo que estaba contemplando. No había un solo libro sano y algunos de los volúmenes tan solo conservaban las tapas o su encuadernación.
Javier, me dijo, tú sabes bien que no merece la pena escribir si no se tiene nada que contar. La escritura es un medio de expresión para compartir ideas con el lector, no se trata de un arte en sí mismo que pudiera ser completado con bellas frases o palabras rebuscadas y barrocas como si de un dibujo o pintura se tratase.
Hay que observar en el fondo. Siempre hay algo que descubrir en las posibles y diversas interpretaciones de una Obra, protesté.
Pensamiento infantil, Javier mi amigo ¿todavía crees en esas cosas? ¿No leíste de pequeño el Traje del Emperador? Los críticos están comprados, de algún modo, por las editoriales. Los lectores creen ver sabiduría que no comprenden donde solo existe marrullería. Unos tienen que comer y otros tienen fe ciega en quienes creen superiores a ellos.
Entonces le recriminé ¿Porqué sigues manteniendo los volúmenes y no los has destruido o quemado por completo?
Como buen gallego me contestó con otra pregunta. ¿Cuánto tiempo hace que no pasas por unos grandes almacenes? ¿No te has parado a pensar que es posible que existan más escritores que lectores…? Sonrió sabiendo que se trataba de una alocución falaz.
Esa macabra sonrisa me mostró, a todas luces, que la locura podía haber anidado en la mente de Alberto.
¿Qué nos han enseñado unos aprendices de escritores, en unos pretendidos talleres donde se producen tormentas de ideas en su propio provecho?, porque no se trata de grandes hombres con la experiencia que da la ancianidad y curtidos en dichos menesteres, sino de jóvenes licenciados que de algo tienen que vivir. Nos han enseñado a escribir y escribir hasta convertir una simple idea en un pequeño cuento de unas pocas páginas, ese cuento en una novela más extensa y esta en voluminosos best séller garrapateados con la suficiente técnica para mantener la necesaria intriga hasta el final. No hay nada más. Créeme Javier que no hay nada más.
Eché un breve vistazo a varios de los libros que se encontraban ubicados en la biblioteca de mi amigo y comprobé como algo de razón no le faltaba.
Algunos libros mantenían dos o tres páginas donde deberían encontrarse cientos más. Leí y comprendí que se trataba de frases y párrafos cargados de gran sabiduría. Otros libros mantenían la mitad de sus páginas lo que demostraba que Alberto había leído, en varias ocasiones, aquella literatura para, al final del proceso, mantener lo esencial.
Pero había algo que no podía entender y así lo hice saber al hacedor de tal galimatías ¿Porqué mantienes volúmenes que no tienen ninguna página impresa?
Es evidente, Javier, piensa un poco. Observa con profundidad lo que tienes en tus manos.
Entonces lo entendí con meridiana claridad. La encuadernación era una obra de arte, pero a la comprensión de mi Amigo el resto de la Obra no valía nada.
Pensé un buen rato mientras comprobaba la ardua labor que Alberto había realizado en su gran biblioteca y después, como de costumbre, nos despedimos con un abrazo.
Según marchaba me paró paloma y con la misma preocupación con que me recibiera me volvió a interrogar. Javier ¿Qué te ha parecido Alberto? Me tiene realmente preocupada.
No tengo tiempo Paloma, de veras, en otro momento hablamos. Ahora tengo que regresar a casa y realizar una limpiá.
Por cierto, supongo que ya sabréis lo que contenían las bolsas del salón. Un gordo jugador de dados, una miedosa imprudente, algún majadero que confunde truenos con cañonazos, un chulo arrogante que menosprecia la sabiduría de los mayores y una mujer que piensa que los hombres no dejan de ser muñecos en sus divinas manos.

Aralba

domingo, 4 de septiembre de 2011

El Espejo




Me dirijo al vestidor. No es la primera ni la última vez que tengo que coger algún calzado o prenda de vestir; pero hay una cosa que parece haber cambiado. Es como una sensación, porque hay un espejo que pareciera no haber estado nunca ahí; pero por otro lado, no entiendo como nunca lo eché de menos.¿Quién ha podido dejar ese espejo ahí, sobre el piso, sujeto por un pie retráctil? Siempre estuvo ese espejo ahí; pero nunca, hasta ahora, me he percatado de su existencia.Miro en su interior y, horror, eso no soy yo. 


No puedo ser yo. Alguien, con una elegancia indescriptible, me mira desde el otro lado. Intento leer en sus ojos y no me veo en ellos. Eso de ahí, no soy yo. Es solo un espejo de pié.Me muevo para comprobar mis temores; pero no hay forma. La imagen del espejo se mueve de forma sincronizada conmigo; pero yo sé que ese reflejo no soy yo. Si no soy yo ¿Quién pudiera ser entonces?Intento olvidarme de esa sensación tan extraña y cojo una camisa que ponerme. 




Según me voy vistiendo contemplo como el reflejo del espejo repite mis mismos movimientos; pero yo sé que ese no soy yo, me consta. El calzado es del mismo color marrón, los vaqueros son azul marino y lo más extraño de todo los calcetines blancos; pero si yo nunca he usado calcetines blancos de algodón. Me miro y “vualá” también son blancos los calcetines que me estoy poniendo.Intento obviar al dichoso espejo y me retiro. Curiosamente, el reflejo hace lo propio y desaparece. 


Lo cierto es que no sé si ha desaparecido o no porque no tengo opción de comprobarlo. Me vuelvo a acercar para comprobar que se ha ido; pero al mirar en su interior compruebo como el maldito reflejo sigue ahí y me vuelve a mirar. Eso no puede ser, esos ojos no son míos. Esa mirada fría y calculadora no puede ser la mía. Sí, seguro, es la de otro que me ha tendido una trampa.Hace unos días ese espejo no estaba ahí en el vestidor; por lo menos yo no tengo constancia de haberlo usado anteriormente. Además, yo vivo solo en esta casa y nadie tiene llave más que yo. 


Solo yo pude poner ese artefacto en el vestidor. Solo yo puedo ser el conspirador; pero ¿porqué, conspiro contra mí mismo? Nada tiene sentido. Nadie conspira contra sí mismo. Además ¿Qué motivo tendría para poder conspirar contra mí?Cojo una bolsa de la basura, de esas que se utilizan en las comunidades, bastante mayor que las normales y meto dentro el espejo. No sé es como si me diese mala espina. No puedo ver al ser que me mira desde su interior y que sé verdaderamente que no se trata de mí. 


Cuando tenga un rato bajaré a tirarlo a la basura. Ahora tengo que irme al trabajo, cuando regrese lo haré.¿Dónde está la bolsa con el espejo dentro? Acabo de regresar del trabajo y me preparaba a bajar el espejo que envolví en la bolsa de la basura; pero ya no se encuentra ahí. Si nadie tiene llave de la casa, es que me han robado; pero miro por todas partes y no echo en falta nada salvo el maldito espejo. Ya no me queda ninguna duda de que tengo que ir al médico de familia y que me mande al psiquiatra. 




Lo que está sucediendo no está nada bien. Un espejo que no debía de estar, luego si está y luego deja de estar. Si nadie está jugando conmigo, entonces soy yo quien estoy jugando conmigo mismo. Sí, eso es, necesito un psiquiatra; pero iré mañana. Ahora tengo que acostarme y descansar un poco. 


Ha sido un día de mucho calor.Me dirijo al vestidor para, como de costumbre, vestirme y lo primero que hago es mirarme en mi espejo de toda la vida. Me veo más guapo que nunca. Nunca me ha traicionado este espejo de plata tan bien realizado. 


Me calzo y después de ponerme la camisa coloco la corbata sobre el cuello de la camisa. Un nudo para acá y otro para allá. Una vuelta para acá y otra para allá. Nunca hubiese podido ponerme la corbata sin la ayuda de mi apreciado espejo y que me regalara mi madre. Ahora debo volver al trabajo y espero que, cuando regrese, el espejo siga ahí. Tonterías, porqué no va a seguir ahí, me digo.  


ARALBA






Este Cuento fue publicado con anterioridad en Suburbios de la Razón: http://suburbiosdelarazon.blogspot.com/2010/09/el-espejo.html#links

miércoles, 31 de agosto de 2011

Paisaje de otro mundo




 Sentado boca abajo podía contemplar cómo las aguas del río se elevaban con una gran corriente. Los peces multicolores intentaban, nadando contra la corriente, bajar hasta el origen de aquella fuerte energía: el mar.

Los árboles hundían sus raíces en el espeso aire y sus rojizas copas nadaban, mecidas por un fuerte viento, sobre las azules tierras de Lazcaín, a menos de medio palmo.

Llorar en Lazcaín, suponía tragar una importante cantidad de la atmósfera planetaria. Pobre tonto, pensaba, viendo a los animales del planeta revolverse, como en un torbellino, hasta caer, por propia inercia,  en las fauces abiertas de los depredadores.

Cada vez que intentaba incorporarme, la fuerza de gravedad de la espesa atmósfera cargaba sobre mi cuerpo venciéndolo hasta volver a caer sentado boca abajo. Parecía un disparate ver a todo bicho viviente tumbado, reclinado, dejándose mecer por un viento de arena azul.

Lazcaín poseía tres soles y doscientas lunas. El efecto contra-gravitatorio era impresionante y parecía que se encontrase uno en una especie de atracción de feria mecanizada. Ir boca abajo, caminado suavemente mecido sobre el aire, si así podía llamarse, y a menos de un palmo de la azulada tierra de Lazcaín.

Los gusanos azules de Lazcaín penetraban por todos lados; pero aunque terminaban inundando las entrañas de todo ser vivo, nunca hacían daño. Su curiosidad les hacía penetrar por los lagrimales, los oídos, la boca y otros orificios no tan nombrables; pero nunca desgarraban y terminaban saliendo devolviendo sólo agrado.

Al comienzo de la colonización de Lazcaín, los colonos veníamos uniformados con escafandras autónomas y herméticas, pero pronto comprendimos que ello era innecesario. El planeta, siempre amable, se te metía por todas partes, hasta convertirte en uno con él mismo. Los gusanos se introducían en tu interior y te hacían cosquillas mientras investigaban a aquellos seres desconocidos, que éramos nosotros, venidos de otro mundo. Luego perdían todo interés y se largaban dejándote imbuido de una gran pena por no tener su compañía.

Lazcaín era un planeta hueco y transparente donde era muy difícil conocer dónde estaba el arriba y dónde el abajo. Era tan placentera la estancia en Lazcaín, que era casi imposible conocer si lo que sucedía estaba ocurriendo de veras o sólo era una fantasía, una ensoñación.

Las transparentes montañas parecían querer desprenderse y aplastarte; pero esa impresión duraba un breve instante. A poco que estuviese uno en contacto con el planeta, se perdía cualquier tipo de miedo. Las montañas, como medusas, se restregaban por los cuerpos de los colonos, pero nunca les hacían daño. Era imposible que alguna vez pudiéramos alcanzar el suelo aunque sólo se encontrase a medio palmo.

Los depredadores después de haberse comido a sus presas las vomitaban más bellas que nunca. La vida resurgía sublime y maravillosa de aquellas fauces que estaban siempre abiertas de par en par, esperando que los incautos las atravesaran. Todo el mundo quería ser devorado. Todos querían renacer más hermosos de lo que habían sido nunca hasta entonces.

Pero como lo bueno suele durar poco, Lazcaín, con sus lunas y soles, un buen día desapareció de nuestro Universo. Los astrofísicos dijeron que aquel planeta incumplía todas las leyes conocidas o por conocer y que por lo tanto no podía pertenecer a nuestro Universo. Los que se atrevían a especular, decían que podía haber sido escupido por un agujero de gusano desde otra dimensión: una especie de campo de fuerza habría impedido que se desintegrara en nuestro Universo, y ahora había sido vuelto a absorber por el invisible agujero cósmico.

Desde entonces, no habíamos sabido nada más de los colonos que se habían esfumado junto con tan extraño planeta, pero lo cierto era que a quienes llegamos a conocerlo, y después lo perdimos, nos quedó una sensación como de orfandad pues, aunque por breve tiempo, nos habíamos sentido uno con el planeta y todos sus seres, vivos o inanimados.

Lazcaín ya sólo moraba en los sueños de algunos de los que lo conocimos.



Aralba