domingo, 23 de octubre de 2011

LADRONES DE PIEDRAS


Era una mañana soleada…, que tontería estaba nublada y llovía a cántaros. Salíamos a pasear, por primera vez, mi amiga Pilar Boitone y yo. Lo de Boitone no era un mote porque estuviera locamente enamorada de la pasta Italiana, que también, sino porque su abuelo paterno era originario de la región italiana de la Toscana.
-¿Qué tal va el Curso Como nace un Libro?- preguntó la buena de Pilar
-Acabo de terminar Trenes en la Niebla, una novela desconcertante.
Voy a lo que importa. Nos impactó un meteorito en mitad de la carretera de Andalucía. Bueno, en realidad ni nos rozó porque de haberlo hecho, no estaría aquí para contarlo.
-¿Por qué?- volvió a interrogar mi acompañante.
-Se nota el Oficio de escritor, lenguaje claro y conciso. No se anda por las ramas y mantiene la intriga muy bien sin caer en la falsa rima o en lo que yo denomino como Palabros decorativos.
Salimos del vehículo, tras sacarlo de la calzada, y nos dirigimos a un cráter del que salía una humareda verdosa y cuyo olor semejaba al almizcle.
Mientras caminamos, Pilar me contestó que si era buena la Obra, porqué me había parecido desconcertante
Respondí que el final de la Obra no se correspondía con lo esperado por el lector. Se tenía que haber quedado, el protagonista, con Amalia y haber dejado a Mara; además, tendría que haber sido lógico y no haber dado un salto cuántico hacia la Ciencia Ficción.
Cogí del brazo a Pilar ya que parecía bastante ansiosa por contemplar el espectáculo que el cosmos nos había preparado. Le indiqué que podía ser peligroso. ¿Quién sabe las radiaciones que podría estar desprendiendo aquel objeto incandescente?
Solo con su mirada comprendí que podría parecerle un cobarde, sin mácula, e hice de tripas corazón y el apretón del brazo, por donde la tenía amarrada, se convirtió en un tirón de impaciencia al encuentro del misterio, intentando de algún modo, hacerla comprender que podía ser tan valeroso como un Harrison Ford o un Clint Eastwood. Pero lo cierto es que no era más que un Dustin Hoffman o un Woody Allen cualquiera.
Las cosas extrañas suceden también en la realidad, me reprochó Pilar.
Sí, pero la gente no desaparece en agujeros temporales, contesté, eso solo sucede en Star Trek y poco más.
Aquel objeto enorme, que instantes atrás había surcado el espacio sideral, se había convertido en un objeto negro como el carbón de no más de cinco centímetros de grosor. Esperamos a que se enfriara y Pilar hizo ademán de tomarlo con sus manos. Estás loca le dije. Te podrías quemar, como poco, maticé.
Me acerqué al automóvil y tomé unos guantes de mecánico que siempre suelo llevar por si acaso. Tomé el objeto y lo guardé justo cuando empezaron a oírse las sirenas de la policía y los bomberos.
Al final parece que la Vida está llena de sorpresas me apuntó irónicamente Pilar.
Aún lo conservamos en casa. Nos ha dado mucha suerte a pesar de que somos conscientes de que esa apropiación, de nuestra parte estaba muy mal. Ladrones del espacio podrían llamarnos; pero sigue siendo nuestro talismán para una buena relación y que se encuentra perfectamente consolidada. Además, la piedra negra, una vez limpia del hollín mostró una magnífica esmeralda de un tamaño descomunal.
Pilar me dice que la regalemos al museo de Ciencias Naturales de Madrid. Quizá lo hagamos, cuando nos nazca nuestro primer Hijo. No queremos que con el tiempo, la criatura piense que sus padres son unos vulgares ladrones de piedras espaciales.
Aralba

martes, 18 de octubre de 2011

LA LIMPIÁ

Estaba meditando en lo que podría haberle pasado a Morgana, aquella tétrica noche de Jorge Eduardo Benavides. ¿Se trataba de un miedo infundado, la protegería la luz del amanecer al llegar a la azotea o terminaría siendo violada y asesinada?
En esos pormenores me encontraba cuando recibí la llamada desconsolada de mi amiga Paloma. En realidad se trataba de un mensaje pues no había podido contestar el celular que se encontraba cargando.
Creo que Alberto está perdiendo la chaveta, decía. Por favor habla con el…
Tanto Alberto como yo habíamos asistido a diversos talleres de escritura donde, en principio, debían proporcionarnos unas pequeñas nociones y técnicas esenciales con el fin de exponer las ideas impresas sobre el papel, nunca unas cadenas que terminaran encarcelando nuestra imaginación.
Paloma me recibió preocupada. Me hizo pasar al salón y allí estaba Alberto, como de costumbre, escuchando alguna buena pieza de música clásica. En principio no me fijé en varias bolsas que se encontraban detrás de la puerta del salón.
Paloma no podía ni hablar. Sus ojos mostraban el pánico producido por la incomprensión. Dile algo a mi marido, por favor, dile algo…, está destrozando el legado familiar.
Seguramente, en aquel instante, mi expresión no habría sido muy diferente de una mayúscula interrogación.
Alberto me dio la bienvenida, regalándome con una sonrisa, y me ofreció un buen güisqui escocés  que, como de costumbre, no rechacé.

Todo parecía en orden. La biblioteca en perfecto estado de revista. Todo limpio y sin mácula. Enséñale los libros a Javier, dijo Paloma, enséñale los libros repitió con voz temblorosa e insistente.
Se encuentran a tu disposición. Todo tuyo dijo, sin más, señalando la estantería.
Cogí algún que otro libro al azar y cual fue mi sorpresa cuando comprobé que todos y cada uno de aquellos volúmenes se encontraban mutilados, cercenados, deshojados.
¿Qué has hecho Alberto? ¡Dios mío! Has destrozado la biblioteca casi grité, todavía incrédulo de lo que mis ojos contemplaban y mi mente se negaba a aceptar.
¿Cuál es el valor de un libro? Me preguntó, ¿el económico o el literario? Demasiada paja, dijo, giros y metáforas fuera de lugar, ardides seudo intelectuales encubiertos en hipotéticas y falsas segundas lecturas. La verdadera retórica sustituida por sofismas y fuegos de artificio.
¿Has aprendido algo en los talleres de escritura?, dije ya bastante malhumorado por lo que estaba contemplando. No había un solo libro sano y algunos de los volúmenes tan solo conservaban las tapas o su encuadernación.
Javier, me dijo, tú sabes bien que no merece la pena escribir si no se tiene nada que contar. La escritura es un medio de expresión para compartir ideas con el lector, no se trata de un arte en sí mismo que pudiera ser completado con bellas frases o palabras rebuscadas y barrocas como si de un dibujo o pintura se tratase.
Hay que observar en el fondo. Siempre hay algo que descubrir en las posibles y diversas interpretaciones de una Obra, protesté.
Pensamiento infantil, Javier mi amigo ¿todavía crees en esas cosas? ¿No leíste de pequeño el Traje del Emperador? Los críticos están comprados, de algún modo, por las editoriales. Los lectores creen ver sabiduría que no comprenden donde solo existe marrullería. Unos tienen que comer y otros tienen fe ciega en quienes creen superiores a ellos.
Entonces le recriminé ¿Porqué sigues manteniendo los volúmenes y no los has destruido o quemado por completo?
Como buen gallego me contestó con otra pregunta. ¿Cuánto tiempo hace que no pasas por unos grandes almacenes? ¿No te has parado a pensar que es posible que existan más escritores que lectores…? Sonrió sabiendo que se trataba de una alocución falaz.
Esa macabra sonrisa me mostró, a todas luces, que la locura podía haber anidado en la mente de Alberto.
¿Qué nos han enseñado unos aprendices de escritores, en unos pretendidos talleres donde se producen tormentas de ideas en su propio provecho?, porque no se trata de grandes hombres con la experiencia que da la ancianidad y curtidos en dichos menesteres, sino de jóvenes licenciados que de algo tienen que vivir. Nos han enseñado a escribir y escribir hasta convertir una simple idea en un pequeño cuento de unas pocas páginas, ese cuento en una novela más extensa y esta en voluminosos best séller garrapateados con la suficiente técnica para mantener la necesaria intriga hasta el final. No hay nada más. Créeme Javier que no hay nada más.
Eché un breve vistazo a varios de los libros que se encontraban ubicados en la biblioteca de mi amigo y comprobé como algo de razón no le faltaba.
Algunos libros mantenían dos o tres páginas donde deberían encontrarse cientos más. Leí y comprendí que se trataba de frases y párrafos cargados de gran sabiduría. Otros libros mantenían la mitad de sus páginas lo que demostraba que Alberto había leído, en varias ocasiones, aquella literatura para, al final del proceso, mantener lo esencial.
Pero había algo que no podía entender y así lo hice saber al hacedor de tal galimatías ¿Porqué mantienes volúmenes que no tienen ninguna página impresa?
Es evidente, Javier, piensa un poco. Observa con profundidad lo que tienes en tus manos.
Entonces lo entendí con meridiana claridad. La encuadernación era una obra de arte, pero a la comprensión de mi Amigo el resto de la Obra no valía nada.
Pensé un buen rato mientras comprobaba la ardua labor que Alberto había realizado en su gran biblioteca y después, como de costumbre, nos despedimos con un abrazo.
Según marchaba me paró paloma y con la misma preocupación con que me recibiera me volvió a interrogar. Javier ¿Qué te ha parecido Alberto? Me tiene realmente preocupada.
No tengo tiempo Paloma, de veras, en otro momento hablamos. Ahora tengo que regresar a casa y realizar una limpiá.
Por cierto, supongo que ya sabréis lo que contenían las bolsas del salón. Un gordo jugador de dados, una miedosa imprudente, algún majadero que confunde truenos con cañonazos, un chulo arrogante que menosprecia la sabiduría de los mayores y una mujer que piensa que los hombres no dejan de ser muñecos en sus divinas manos.

Aralba

martes, 4 de octubre de 2011

¿Dónde moran los antiguos dioses? (José Jorquera Blanco)



La nieve y la lluvia azotaban la maltrecha y desvencijada casa. El invierno estaba siendo frío en extremo y la repentina tormenta, surgida de la nada, golpeaba el antiguo caserón montañés con vehemencia. En su interior una vieja chimenea crepitaba con el sonido de la resina seca de los troncos arrojados al fuego. El calor templaba los huesos cansados del único habitante de la vivienda en la pequeña sala de estudios que permanecía iluminada. Pero hoy no se encontraba solo.

—¿Todavía leyendo abuelo? Sabe que es tarde y el médico le ha recomendado que no fuerce su vista.

El abuelo la ignoró enfrascado en su lectura.

—Tenga —dijo ofreciéndole un tazón de caldo caliente— al menos tómeselo. Le hará entrar en calor.

A pesar de las cálidas palabras de su sobrina, éstas no hicieron mella en él que continuaba enfrascado en su lectura.

Con un rápido movimiento ella cerró el libro, bastante gastado y con ese peculiar aroma que tienen los libros antiguos, y le obligó a beberse el caldo para después acompañarlo hasta su dormitorio.

—No sé por qué no quieres instalar la calefacción, sabes de sobra que nosotros nos encargaremos de pagarla.

—Estoy ya muy mayor para obras, además sabes que prefiero el calor de la chimenea. —contestó con su mirada cansada y lacrimosa.

—Como quieras... vendré la semana que viene a ver si necesitas algo. Arrópate bien y no cojas frío. Sabes que como empeores te llevaremos a nuestro piso. Papá y mamá están preocupados por ti. Como sigas haciendo tonterías te llevaremos allí enseguida.

—¿Es pedir tanto dejar a un anciano acabar los últimos días de su vida en su casa en paz y tranquilidad?

—¡No digas eso! Estoy cansada de oírte decir lo mismo. ¡Por mí puedes irte al infierno!

Salió de la habitación rápidamente dando un enorme portazo que resonó por todas las paredes de piedra.

—Al fin sólo...

Respiró calmadamente en la oscuridad, intentando distinguir algo en ella, pero resultó en vano. Una pequeña sensación de alegría iluminó su rostro mientras evocaba recuerdos de infancia. Sus canicas, sus chapas y la interminable lista de libros que devoró, aquellas tardes maravillosas descubriendo misteriosas islas, tesoros escondidos, dioses olímpicos, guerras interminables.

¡Oh! lo que daría este pobre anciano por beber otra vez de los vinos servidos por los sátiros de Baco, la danza interminable de mujeres exóticas bailando cubiertas de velos insinuantes y vaporosos. Esos pensamientos le hicieron sonrojarse un poco, más por el recuerdo que por la vergüenza.

—Felicidad —pensó el anciano acurrucándose en la cama caliente mientras el cansancio y la edad lo hicieron quedarse profundamente dormido.

Sus sueños difusos y oscuros empezaron a adquirir otro cariz. Atrás quedaban sus interminables pesadillas que le dejaban desvalido y enfermo y oleadas de color dispararon sus recuerdos mientras caminaba, no, más bien ¿flotaba? por los edificios de mármol del Olimpo.

Contemplaba a Hefesto en su fragua trabajando el metal, como si fuese mantequilla en sus manos, con una pericia envidiable. Más adelante surgiendo del agua la diosa Tetis, la de pies argénteos, caminando por encima de las olas. Avanzó hacia el edifico central del Olimpo mientras los dioses y diosas ignoraban su presencia.

En un trono de mármol y oro permanecía, sedente, Zeus. Lanzando sus rayos con furia y apatía hacia lo que parecía un muro invisible que rodeaba todo el Olimpo. Maravillado, el anciano permaneció en silencio.

—Esposo mío, no te irrites. O acabarás golpeando a alguno de tus bien amados hijos.

El rostro de Zeus se relajó.

—Cómo siempre, Hera, esposa mía, no puedo negar la verdad de tus palabras. Pero permanecer aquí encerrado... ¡Yo quien una vez fuera el dios más grande del firmamento! Permanecer aquí, eclipsado y encerrado, olvidado por todos...

—Así nos sentimos todos, olvidados, perdidos en el tiempo, sin nadie que nos escuche, que nos adore o a quien proteger...

—Sin nadie con quien jugar... ¿No es así Padre?

Los dos ancianos dioses se giraron, las palabras de Atenea habían disparado su curiosidad y la del anciano que escuchaba.

—Los mortales son caprichosos, les dimos regalos, pero siempre querían más. Mirad lo que ocurrió con nuestros tesoros, nuestros templos, toda nuestra sabiduría. Perdida, quemada o destruida por los mismos a quienes se la entregamos. Y aún así permanecimos impasibles, dejándoles, abandonándolos a su suerte. ¿Esperas acaso que nos recuerden o incluso adoren? Creo que ellos mismos nos encerraron aquí. Fue su manera de repudiarnos.

—Pudiera ser Atenea, pudiera ser... pero yo pienso más en otros dioses. ¡Ellos!, estoy seguro... son los responsables.

—Tal vez los nuevos dioses tuvieran algo que ver. No lo discuto, pero permanecen tan ocultos... Si supiéramos al menos dónde están podríamos combatirlos como hiciéramos antaño.

—Pero nunca han mostrado su cara esposa mía. Y me temo que es una batalla que perdimos hace tiempo.

—Y este el precio que debemos pagar, ¿no Padre?

Fascinado, expectativo, anhelante de la respuesta no pudo más que maldecir en voz alta mientras continuaba ascendiendo hacia quien sabe dónde.

El paisaje cambió y dio paso a montañas frías y escarpadas, chozas construidas en madera ardían, las casas permanecían derruidas. En la distancia un ligero resplandor multicolor despertó su atención, dos guerreros enormes combatían en los campos sembrados de muerte. Dos impresionantes ejércitos se disputaban las tierras con ferocidad, sin preocuparse de la destrucción a su paso, que tan palpable era que hacía preguntarse el objetivo de tamaña disputa.

Entonces un retumbar en el cielo, como de cascos de caballos, anunció la llegada de las doncellas guerreras que cabalgaban por los cielos, prestas para unirse al combate. Las Valquirias.

En la lejanía distinguió una ciudad, casi destruida, donde combatía una gigantesca serpiente, el único acceso a Midgar, el puente del arco iris, permanecía roto suspendido en el aire, y ahora, por fin, fue capaz de distinguir a los dioses allí reunidos.

Odin, Thor, Frigga... incontables guerreros luchando contra la muerte segura del Ragnarok.

La contienda, que probablemente se disputase desde eones, empezó a tornarse desesperada para los guerreros de la Ciudad Dorada. En aquel momento, ¡algo inaudito!, Odin golpeó con furia a la gigantesca serpiente, asestándola un golpe mortal.

Pero el resultado fue una victoria pírrica, los pocos dioses supervivientes se retiraron a las antiguas montañas de los Aesir para yacer por toda la eternidad.

Muspelsheim se fusionó con el reino de Niffleheim y las tierras de Asgard y sus reinos quedaron enterradas y destruidas salvo en el recuerdo de los mortales.

La compasión llenó el corazón del anciano.

—¿Por qué luchar cuando todo estaba perdido?

Con esa duda royéndole la cabeza viajó en la lejanía hasta donde el sol abrasa a los hombres y antiguas civilizaciones descansan en el polvo de los desiertos.

En las ruinas de los magníficos templos permanecían inermes estatuas de los dioses del antiguo Egipto, algunas de ellas con cabezas de aves u otro tipo de rasgos hieráticos.

A pesar del peso de los siglos, aún mantenían su lustre y esplendor. Los relieves y jeroglíficos permanecían casi intactos y el polvo era una fina capa muy parecida a una película protectora.

Una exploración más detallada de las mismas indicaban la exactitud de las facciones y fisionomías. ¡Tan reales! Que el anciano dudó por un instante si era real lo que veía o una mera ilusión de su mente febril. La duda quedó disipada hasta que las tocó y, por un instante, la figura pareció reaccionar a contacto. Tan sutil y leve que el anciano se sorprendió.

—¡Habría jurado por un instante que la estatua estaba cálida como mi mano! —pensó entre nervioso y entusiasmado.

Pero descartó la idea en seguida achacándola a la vejez y a la medicación.

¿Qué ha sido pues de los poderosos dioses del antiguo Egipto?

Ahora no son más que estatuas olvidadas en los rincones, vacías por dentro, sólo cascarones inermes de lo que antiguamente fueran los dioses protectores de Egipto. Encerrados, olvidados en sus formas de piedra, siendo incapaces de recordar quién o qué eran. Y aún siendo capaces de recordar... sólo les quedaría el tormento de los días perdidos en la lucha contra un Dios cruel que azotó a su pueblo con la plaga, haciendo sufrir a sus preciados hijos.

De la rabia y la impotencia de Horus; del sufrimiento de Isis y Osiris debido a la brutalidad sometida al pueblo de Egipto por estos nuevos dioses, crueles y vengativos.

Del encadenamiento de Athor por los hombres, condenándola a la desolación y la tristeza, mayor si cabe, ante la muerte de su esposo frente el dios de los esclavos.

Seth, Toth, Min, Satet destruidos por una vil traición. Tantas tristes historias despiadadas de las cuales, los pocos supervivientes yacen encerrados en formas de piedra sin el menor recuerdo de su ser.

La misericordia y piedad del anciano crecía cada vez que tocaba las estatuas y recibía los sueños y las visiones de los sucesos acaecidos a estos aciagos dioses.

Sin tiempo para lamentaciones se vio arrastrado hacia nuevas latitudes a tal velocidad que su inexistente cuerpo fue incapaz de soportarlo hasta que por un lapso de tiempo, indefinido y agradecido, quedo inconsciente.

El sonido dulce de los pájaros lo despertó suavemente, y una extraña calidez baño su cansado cuerpo mientras contemplaba lo que antaño algunos hombres se aventuraron a llamar el Edén.

Árboles inmensos cubiertos de plantas y flores, de tal belleza, que arrancarían sonrisas en las almas de los más pérfidos y despiadados seres. Pájaros portando los cantos de los dioses en sus trinos y gorjeos, animales de portentosa belleza habitando en la inmensidad de una selva agotada.

Un sonido muy débil parecía provenir de muchos sitios y a la vez de ninguna parte. El anciano con gran esfuerzo se forzó a escuchar y a medida que escuchaba le parecía que el viento susurrara palabras en una lengua ya olvidada, que la misma tierra dormía profundamente esperando a ser despertada. La fina lluvia que caía incesantemente parecía cantar una nana, o al menos eso fue lo que le pareció.

Una voz resonó en su cabeza, o quizás la escuchó en su delirio, pero la voz se hizo más fuerte.

—¿Quién osa despertar a los dioses en su sueño?

—Yo no pretendía despertar a nadie, señor —contestó el anciano en voz alta si estar seguro de estar hablando con alguien o simplemente consigo mismo.

—Ahora los dioses han de reposar pues así está escrito. Marcha pues y déjanos en nuestra desdicha.

El anciano, ahora más seguro de escuchar la voz, preguntó.

—¿De dónde provienen las voces que escucho?

—Antiguamente pediríamos tu sangre por semejante atrevimiento, pero la hora de que sintáis nuestra ira aún no ha llegado. Contestaré a tu pregunta porque en nada influirá en el destino. —La voz que antes era áspera se tornó más melancólica.

—Hace tanto que ocurrió, que es difícil recordar. Barcos gigantescos como nunca se habían visto llegaron portando seres que escapaban de nuestra influencia y poder. Aniquilaron a todo el que se interpuso en su camino, algunos de los nuestros guiados por Huitzilopochtli combatieron, pero la furia de los extranjeros y por el apoyo de un dios despiadado nuestros hijos nos abandonaron.

La voz se tomó una pausa larga, el anciano temió que no continuara, mientras los extraños sonidos llegaban hasta sus oídos.

—Así pues lo que escuchas son los sonidos de los míos, encerrados o dormidos, esperando que alguno de nuestros hijos escuche nuestra llamada. Quetzacóalt susurrando en el viento, Teteu Innan durmiendo en la tierra, Chalchiuhtliicue en el agua y Xiuhtecuhtli en el fuego.

—¿Y por qué tú permaneces despierto?

—Como guardián del destino debo observar su descanso hasta que Macuilxóchitl Xochipilli haga despertar el recuerdo a través de las historias que se esfuerza en hacer perdurar, ¡y los antiguos dioses volvamos a resurgir! Ahora parte para no apresurar lo que aún está por llegar...

El anciano atravesó la selva con el recuerdo de la voz en su cabeza que le impelía a avanzar cada vez más rápido.

La sensación le recordó a una persecución invisible de un implacable depredador a punto de lanzarse sobre su presa, hambriento y al acecho.

Según empezaba a salir de la selva multicolor toda su percepción se emborronó, y las cosas que antes le resultaban grandes se tornaban más pequeñas. Su cuerpo se expandió como si solamente estuviese compuesto por aire alcanzando el cosmos y ante la inmensidad de la visión del universo, arropándolo como una capa negra destellante, observó la tierra.

Una mujer decrépita halló en su lugar, acurrucada y encogida en posición fetal mientras minúsculos virus la taladraban y corrompían. Avanzaban lentamente por todo su cuerpo como gusanos que comen la carne una vez muerta. Miles y miles de termitas luchando por robarla su mejor trozo y trasladándola al borde de la muerte. Ella lucha, gime, llora, intenta moverse... Pero el virus estaba extendido por todo su cuerpo como un cáncer, y aunque conseguía librarse de algunas pequeñas picaduras, otras más surgían una vez eliminadas las otras.

Así esta diosa llamada por algunos naturaleza, por otros Gaia, Gea... estaba abocada a su destrucción lenta y dolorosamente.

Su cuerpo comenzó a retraerse y el anciano sucumbió ante tal shock. Su mente y la realidad comenzaban a dar vueltas en una espiral mientras se vaciaba de recuerdos, historias, ideas...

A la mañana siguiente el anciano se encuentra dormido en su cama en un sueño del que nunca más regresará. Su cuerpo ha sido sustraído para reposar por siempre en el cuerpo de una mujer destrozada por sus hijos.

Atrás deja el dolor y los sufrimientos, los pesares pero también la alegría. Recueros, fotos, experiencias, algunas ya olvidadas, libros... Muchos libros en su biblioteca que quedarán inútiles en las estanterías.

¿Dónde moran los antiguos dioses?

En las fantasías de los soñadores, en la locura de las personas, o tal vez en el fanatismo humano. Quizás en el simple miedo a la muerte.

Ésta es sólo una de las historias que quedaron perdidas en la mente de un anciano, una simple mancha de tinta en una hoja de papel. Pues es bien conocida la capacidad del hombre para interpretar las cosas más simples y retorcerlas en miles de espirales insulsas y sinuosas.

Los antiguos dioses permanecen dormidos o despiertos, pero siempre en la memoria de aquellos paganos que supieron protegerlos y esconderlos. Encerrados y olvidados escuchan lo que les susurran los siglos. Ahora, quizás, más angustiados tras la muerte de su único profeta, el único que entregó su vida por y para ellos hasta que lo condujeron a su irrevocable final.

Pero no sintáis pena por él, si hemos de creer las tradiciones, ¡se encontrará disfrutando de paraísos mil! Indagando y resolviendo las preguntas que quedaron sin respuesta tras sus descubrimientos y su furtiva vigilancia.

José Jorquera Blanco

Publicado, con anterioridad, en NGC:

domingo, 2 de octubre de 2011

«¡Lo obsoleto es muerte! ¡La novedad es vida!»


Escrito por nuestro Caro Amigo: Carlos Alberto Gómez Villafuertes, anteriormente publicado en NGC , que Inaugura una Nueva Etapa en esta Página de Kaos Quántico, dado que se abre hacia el exterior, hacia vosotros requiriéndoos vuestra Colaboración Activa. Los Cuentos de KAOS QUÁNTICO, desde ya,  deja de ser una Página para dar a conocer los cuentos de Aralba. Es hora de que os planteéis, seriamente vuestra participación. ¡¿A qué estáis esperando?!


Aralba 

El Excelentísimo Carel Suprabaniam López de Aguilera, Laureado esposo de la Excelsa Marsupia Porodianska Gutiérrez, y Capitán del Acorazado del Modernikado Galáctico UEUMMk-456357 Estremecedor, tomó el transbordador que le llevaría a su nave con el ánimo lleno de espanto. Hacía dos semanas que el Acorazado permanecía en los astilleros centrales, para someterse a una de las frecuentes actualizaciones de la Flota.
Durante aquel intervalo de tiempo, López de Aguilera había dejado las operaciones en manos de su primer oficial, mientras él se reunía en el planeta con sus amantísimos hijos y esposa, de modo que no tenía ni idea de lo que podía haber sucedido en aquellos días de ausencia.
—¿Qué le habrán hecho esa vez a la pobre? —murmuró pensativo, recordando las variadas modificaciones realizadas sin cesar a su amada nave, mientras la minúscula lanzadera rodeaba el gigantesco anillo de atraque y se aproximaba al Acorazado.
En los seis años transcurridos desde su botadura, el Estremecedor había estado más tiempo realizando actualizaciones que misiones de combate. Los avances técnicos se sucedían tan deprisa, que apenas podía salir del astillero. Y lo que es peor, lo mismo les ocurría a todos los navíos de la flota Modernikana. No ganarían la guerra en curso, no, pero desde luego tenían los sistemas más modernos que...
Un gesto de horror cubrió su semblante cuando la lanzadera giró alrededor de un saliente del anillo y el Acorazado apareció ante su vista en todo su esplendor.
—¿Pero qué demonios le han hecho a mi nave, Schlemer? —le aulló al oficial del astillero que se encontraba a su lado, al contemplar la enorme y desagradable excrecencia marrón que surgía de la popa del buque. — ¡Eso parece una patata! ¡Una enorme patata peluda clavada al casco de mi nave!
—No señor. —Dijo el tal Schlemer con aplomo— No es una patata, es un sistema infligionador de surapudancia esquimótica. Es lo último en cuanto a sistemas de propulsión.
—¿Y dónde está mi esfingulador sincropo bariónico? ¡Ni siquiera habíamos podido probarlo a pleno rendimiento!
—Obsoleto, señor. Esos motores tenían por lo menos cuatro meses de antigüedad. No podemos permitir que una nave de guerra del Modernikado sea una antigualla.
—¡Pero al menos podrían haber colocado algo más estético! ¡Y no ese... ese... horror!
—¡Señor, por favor! Es cierto que la morfología del infligionador no es excesivamente atractiva, pero... ¡Fíjese! Admire la forma elegante en que las pilosidades pudáncicas se proyectan desde el núcleo esquimótico.
López de Aguilera meneó la cabeza con escepticismo.
—Sigue pareciéndome un montón de pelos clavados en una patata más bien fea.
—Ustedes los militares no comprenden nada. —Farfulló con desprecio el oficial del astillero. Hinchó el pecho y gritó:— ¡Lo obsoleto es muerte! ¡La novedad es vida!
López de Aguilera llevó la mano hacia la culata de la pistola sodolándrica que colgaba de su cintura, pero se contuvo en el último momento. ¡Dios! ¡Otra vez aquel dichoso eslogan! ¡Con qué placer convertiría a aquel tipo en una pavesa! Hizo un esfuerzo para dominarse y se concentró en su nave.
—¿Y eso qué es? — volvió a estallar, señalando una serie de conos espiralados, más bien horribles y parecidos a helados de cucurucho multicolores, que sobresalían de distintas zonas del casco.
—Son los nuevos componentes del sistema de armamento, los novísimos fusionadores altramúcicos de aluvión nefrítico. Eficacia garantizada de destrucción máxima.
—¡Vaya por Dios! ¿Y dónde están las unidades de evaporación presintágmica fotónica que instalaron la última vez? Ni siquiera hemos llegado a dispararlas.
—Creemos que los rebeldes de la Obsolescencia Estelar han robado los planos del escudo nulificador postagmático afotaico —susurró aquel odioso Schlemer en tono confidencial—, lo que los hace invulnerables frente a las descargas de las unidades de evaporación presintágmica fotónica. Además, ese armamento tenía por lo menos cinco meses de antigüedad. Por completo inaceptable.
López de Aguilera se tragó la respuesta que pugnaba por salir de sus labios y con gesto enfurruñado siguió contemplando lo que quedaba de su pobre navío.
No, la entrada en el Estremecedor no había sido todo lo gloriosa que debiera. El camino hacia el puente había cambiado y uno de sus nuevos ayudantes había estado a punto de caerse por un orificio que nunca había estado allí. Al parecer, el pasillo principal se había convertido en una tuba de ascoliación eudótica para los elevadores sinópticos, fuera lo que fuese aquello. Tras ímprobos esfuerzos habían conseguido sacar al pobre hombre de su asqueroso baño en un fluido color violeta, aún más repugnante a la vista que al tacto, si tal cosa era posible. Lo habían enviado a la enfermería de la nave víctima de un ataque de nervios, mientras gritaba cosas no aptas para oídos delicados.
Con el máximo cuidado posible, López de Aguilera tomó el nuevo camino que, confiaba, le llevaría al centro de mando de la nave.
Tras un par de tropiezos sin importancia con distintos objetos, a cuál más feo, por fin entró en el puente... ¿Puente? ¿Aquello era un puente? En primer lugar, era la décima parte del original, que ya en sus mejores tiempos no había sido excesivamente grande. En segundo, no había informadores holográficos, ni captores sinápticos prefontales. ¡Ni nada! ¿Y qué infiernos era aquella especie de pelambrera que surgía de las paredes, como un caso terminal de melenas irreductibles? ¿Y la repugnante masa informe que ocupaba una pequeña piscina frente a la pared frontal?
Se acercó al primer oficial, el mismo que había permanecido a bordo supervisando las modificaciones.
—Dígame, primer oficial, ¿Qué-Es-Eso? —preguntó López de Aguilera señalando la pelambrera.
—Estooo... según los manuales, lo que surge de las paredes son filictores neurónicos, señor. Se supone que captan los pensamientos de los oficiales y traducen las órdenes a los sistemas. Actúan como los obsoletos captores sinápticos prefontales, pero sin necesidad de contacto físico.
—¿Y el resto de la tripulación del puente?
—Han sido destinados a otras secciones, señor. Los filictores son capaces de controlar la nave con sólo un oficial en el control.
—Mira qué bien. ¿Y esa asquerosidad de la piscina?
No había terminado de pronunciar estas palabras, cuando la susodicha masa se hinchó, adquirió un horrible color verde fosforescente y se derrumbó, salpicando por todas partes.
—¡Cuidado, señor, es muy sensible! —dijo nervioso el primer oficial, y señaló hacia la palpitante masa, que trabajosamente recogía los múltiples pedazos de sí misma dispersos por el suelo.— Eso es el nuevo visionador pseudopódico poliforme. Sustituye al obsoleto informador holográfico.
López de Aguilera apretó sobre su pecho el sobre con las órdenes de destino.
—¡Zarpamos enseguida, antes de que se les ocurra alguna otra cosa! Encárguese usted de sacarnos del muelle. Ya le informaré del rumbo.
—Sí, señor.
El primer oficial se colocó frente a la piscina, y se concentró. Los filictores neurónicos comenzaron a brillar y a estremecerse mientras el visionador pseudopódico poliforme se elevaba en el aire y cambiaba de forma, ofreciendo una espectacular visión del exterior.
Impulsada por el infligionador de surapudáncia esquimótica, la nave comenzó a moverse lentamente, separándose del anillo de atraque.
López de Aguilera comenzó a sentir una cierta desazón. Una creciente molestia en la barriga que le hacía sentirse sumamente incómodo. No tendría que haber bebido aquella ultima jarra de Jajenja en la fiesta de despedida.
—Debería haber ido al retrete antes de salir del muelle orbital— se dijo, mirando a su alrededor. ¿Dónde, en nombre de Pilalia, estaría el cuarto de baño? Además de la escotilla de acceso al puente, había un par de puertas en las paredes, en los únicos sitios libres de aquella pelambrera de filictores neurónicos, que parecían agitarse presos de un frenesí apocalíptico, pero vista la situación, no se atrevía a experimentar. Suspiró resignado.
—Primer oficial...
—¿Sí, señor? —contestó el interpelado diligentemente, sin dejar de observar el visionador pseudopódico poliforme, que en esos instantes mostraba una espectacular vista del anillo de atraque y el planeta situado bajo él.
—¿Dónde esta el, hmm... el cuarto de baño?
—Al final del pasillo de la puerta de la derecha, señor. No tiene pérdida.
—Gracias, primer oficial. Vuelvo enseguida.
Apenas había salido del puente, cuando la voz del primer oficial le llamó.
—Señor. Tiene una llamada del Jefe del Astillero.
López de Aguilera se puso pálido. ¡No por favor! Volvió al puente y se situó a un lado del visionador pseudopódico poliforme, que había extendido un pseudópodo especialmente repugnante y mostraba la porcina jeta del Jefe del Astillero, el Ilustrísimo Lord Actualizador Imenao Kawasagunda Peláez.
—¿Sí? ¿Qué desea? —le espetó López de Aguilera.
—¡Una gran noticia, Capitán Carel Suprabaniam! Hemos recibido los nuevos detectores de largo alcance, y tengo el honor de informarle de que su nave, el magnífico Acorazado Estremecedor, gloria del Modernikado, ha sido elegido para ser el primero en montarlos. —Hizo una pausa que debió parecerle dramática y terminó diciendo, a punto de estallar de placer— Será el pionero en adoptar el pirifionador zahórico polimático, sistema puntero de nuestra tecnología de detección.
—¡Pero si acabamos de zarpar! Y además tengo órdenes de dirigirme al sector 47.567-B para una importante misión. —López de Aguilera agitó frente a la imagen del Jefe el sobre que contenía sus órdenes, aferrándose a él como un náufrago a la tabla de salvación.
—Las órdenes de modernización tienen prioridad absoluta sobre las del Almirantazgo, Capitán. —Bramó el Jefe del Astillero, poniendo más cara de cerdo que nunca. Hinchó el pecho y gritó:— ¡Lo obsoleto es muerte! ¡La novedad es vida!
La pistola sodolándrica estaba fuera de la funda antes de que pudiera darse cuenta. Con un esfuerzo sobrehumano, ayudado por la imagen de su amantísima esposa y sus catorce adorables retoños, López de Aguilera consiguió devolverla a su ubicación original, pero el gesto no pasó desapercibido para el porcino Jefe.
—¿Qué ha ocurrido Capitán? ¿Por qué ha desenfundado su arma?
—Durante un instante me pareció que mi pistola tenía una fuga en el núcleo seborreico sodolándrico. —improvisó a toda prisa.— Pero ha sido una falsa alarma, señor.
—Lo celebro, Capitán. Puede atracar en el muelle acostumbrado. Que tenga un buen y novedoso día.— La imagen de Imenao Kawasagunda Peláez se desvaneció, y el pseudópodo volvió a ser asimilado por la repugnante masa.
—Ya te daría yo a ti un buen día —refunfuñó López de Aguilera. Se volvió al primer oficial, que había permanecido impasible.
—Pues ya lo ha oído. Volvemos al muelle. Supongo que conoce el camino —añadió con sorna.
—Sí, señor. A la perfección.
—Mientras tanto, ya sé lo que hacer con estas órdenes de destino —murmuró irónicamente el Capitán dirigiéndose al retrete.
Pero cuando Carel Suprabaniam López de Aguilera abrió la puerta del cuarto de baño y entró en el retrete se quedó unos instantes indeciso. ¿Dónde estaba el inodoro?
Aquella resplandeciente maravilla de loza que durante tantos miles de años había acompañado a la humanidad en su colonización de la Galaxia, brillaba por su ausencia. En su lugar, una sorprendente esfera, de medio metro de diámetro y tan negra que hacía daño a la vista, ocupaba el lugar de honor que durante tantos años había sido dominio exclusivo de la blanca loza.
No había nada más en el retrete. Ni un mísero rollo de papel, aunque provisto del sobre de órdenes, semejante detalle no tenía mayor importancia. Pero en la pared, a su derecha, había una placa metálica con algo escrito. Se agachó para verla:
«R.O.C.A. Retrete Orgánico de Compresión Asintótica Mod. 23IB Patente Pendiente»
Y debajo en otra línea, que parecía curiosamente hinchada, se leía en grandes letras doradas:
«¡Lo obsoleto es muerte! ¡La novedad es vida!»

López de Aguilera sintió cómo su mundo se derrumbaba. En un instante lo vio todo rojo. Soltó un aullido estremecedor:
—¡Quiero mi inodoro de loza! ¡Quiero cagar a gusto!
Sacó la pistola sodolándrica con una rapidez digna de los mejores pistoleros del Far-West, y le dio gusto al gatillo, disparando una y otra vez sobre aquella infame cosa negra. El primer estallido sodolándrico fue absorbido por la ominosa superficie, también el segundo, al recibir el tercero, un asqueroso color azul actínico cubrió toda la esfera, el cuarto...
Una bola de fuego de un kilómetro de diámetro brilló en el espacio, volatilizando al UEUMMk-456357Estremecedor, y a todo lo que se encontraba en su interior. El estallido, a pesar de haberse producido tan cerca del anillo de atraque, no tuvo graves consecuencias para las instalaciones, a no ser por la desafortunada muerte del Jefe del Astillero.
Un fragmento de una de las pilosidades pudáncicas del núcleo esquimótico, largo y afilado como la lanza de un Dios vengador, atravesó el panel transparente de la oficina del Ilustrísimo Lord Actualizador Imenao Kawasagunda Peláez, y aunque ya apenas sin fuerza, retuvo la suficiente como para atravesar el corazón del porcino individuo y clavarlo contra su sillón. López de Aguilera se hubiera reído a gusto, de no ser porque sus átomos dispersos formaban una minúscula parte de la supercaliente esfera de plasma que se disipaba con rapidez...

Modernikado News — Última edición.

En el día 4.894 de la fundación del Glorioso Modernikado Galáctico, el Acorazado de la Flota UEUMMk-456357Estremecedor, al mando del Excelentísimo Carel Suprabaniam López de Aguilera, Laureado esposo de la Excelsa Marsupia Porodianska Gutiérrez, ha sido destruido debido a la obsolescencia de uno de sus sistemas auxiliares.
Según los análisis de la caja negra, se produjo una sobrecarga sodolándrica en el sistema R.O.C.A. Mod. 231B, posiblemente como resultado de una fuga del arma reglamentaria del finado y Excelentísimo Carel Suprabaniam López de Aguilera, según se desprende de su última conversación con el también finado Jefe del Astillero, el Ilustrísimo Lord Actualizador Imenao Kawasagunda Peláez, aunque los detalles exactos es posible que no se lleguen a conocer nunca. Esta sobrecarga sodolándrica, provocó un proceso de ascutación forofónica de los residuos biológicos almacenados en el R.O.C.A. Mod. 231B, produciendo su explosión instantánea.
Con su muerte, el Excelentísimo Carel Suprabaniam López de Aguilera, demostró la ineficacia de los sistemas obsoletos y la necesidad de continuas novedades, que eviten este tipo de luctuosos acontecimientos.
El inútil sacrificio de este héroe no quedará sin castigo, y se depurarán responsabilidades entre los encargados de modernizar los sistemas de la Flota, cuya negligencia en la sustitución del mencionado Mod. 231B por el novísimo Mod. 298C, que no adolece del defecto explosivo mencionado, ha causado tanto dolor al Modernikado Galáctico y a su esposa, la Excelsa Marsupia Porodianska Gutiérrez y sus catorce adorables retoños.
El Ilustrísimo Lord Actualizador Imenao Kawasagunda Peláez, ya fallecido, se presenta sin duda alguna como uno de los máximos responsables de esta negligencia, por lo que a título póstumo, se retiran las prebendas obtenidas por él para su familia, que será marcada con el sello del Obsoleto Negligente durante los próximos 180 días.
El Modernikado Galáctico concede también a título póstumo a la Excelsa Marsupia Porodianska Gutiérrez y a sus catorce adorables retoños, la Orden de la Novedad de Primera Clase con Hojas de Roble y Diamantes Enlazados, además de una pensión vitalicia y una bonificación que les permitirá disfrutar de las últimas novedades tecnológicas.
Por último nos unimos a la familia del héroe y a todo el Modernikado Galáctico, y pronunciamos la divisa por la cuál dio su vida el Excelentísimo Carel Suprabaniam López de Aguilera. Hinchad vuestros pechos y gritad al unísono:
«¡Lo obsoleto es muerte! ¡La novedad es vida!»


Carlos Alberto Gómez Villafuertes

Publicado con anterioridad en:

domingo, 25 de septiembre de 2011

Pues tu padre también es manco. Ya, pero eso es otra cosa


Vamos, lo mismito que decir lo de ver la paja en el ojo ajeno, sin ver la viga en el propio. Desde hace algunos años, más bien muchos, se viene considerando desde algunos medios que ciertos partidos escorados a la izquierda son de talante más democrático que los ubicados en el lado contrario.

Sí, ya saben eso de a los dirigentes se los elige a dedo en el lado azul o al contrario por las bases de los partidos en el lado rojillo; pero eso, como estamos viendo en Casa, es una falacia inconsistente. Aquí, quien tiene el poder trata a los de abajo como si de mindundis se tratasen. El candidato a la presidencia de la Comunidad de Magerit, al parecer, no queda favorecido por las encuestas. Ya sabía yo eso de que se gobernaba a golpe de encuestas; pero hasta ahora no lo había tenido tan claro. Siguiendo ese mismo criterio, el Secretario General de su Partido debería de haber dimitido hace ya tiempo, pues no lo quieren ya ni los propios.

Sí, los partidos de derechas suelen tener la malísima costumbre de elegir a sus cargos a dedo; pero por lo menos no engañan a sus bases. Sí, los paganinis, los que cotizan y mantienen las estructuras físicas de los partidos políticos.

Desde siempre, en la izquierda gobernante, se viene utilizando ese criterio de limpieza democrática como baluarte a enfrentar a las actitudes despóticas de la Derecha; pero por lo visto eso no es del todo cierto por lo que estamos viendo en el tira y afloja que se traen en las candidaturas para Magerit.

Hay unas bases, eso es cierto, que eligieron en sus diferentes congresos, locales y regional a su Secretario General. Supuestamente, como marcan las buenas costumbres, el Secretario General suele ser el Candidato a la Presidencia de la Comunidad; pero por lo visto en este caso no parece ser así, ya que el talentoso del Secretario General y su cohorte de aplaudidores no lo consideran así: Las encuestas no son favorables.

En otras circunstancias, claro que eran otras circunstancias del pasado, en este mismo supuesto se decidió realizar una especie de previas, para que de allí saliese el Candidato Oficial; pero claro, entonces había un tira y afloja entre dos facciones importantes del partido y si se hubiese tirado en demasía a lo mejor se habría jodido todo. No sé si me explico. Desde que nuestro Prota, tomara el Poder del Partido, pues resulta que no hay discrepancias, ni tonos en los colores. Todo es rojo, pero del mismo rojo. Os acordáis: ¿Dónde están los socialdemócratas, los azulones, los rojillos y los izquierdosos? Están acallados.

No parecen existir, y si están no se los ve. Ahora el Talante está gobernando no solo sobre la cabeza de todos los nacionales sino de los militantes de base del partido que sustenta al Gobierno. Ese talante es el que a dedil les indica a los secretarios regionales lo que hay que hacer y lo que no, a quien hay que poner en un punto estratégico y a quien no, como si esos poderosos señores fuesen tan infalibles como supuestamente lo es el Papa para los católicos.

Sinceramente, yo soy de los que opino que si Hoy se celebrasen elecciones, democráticas, en el seno del Partido que gobierna, ese talentoso no volvería a salir, ni de coña.

¿Qué está sucediendo entonces?
El Buen Hombre para llegar a donde está, no es tonto del todo eso está claro, ha sabido arroparse de estómagos agradecidos y seguir una política absolutamente populista. No se me equivoquen, que de izquierdas solo tiene un sutilísimo parecido, nada más, el discurso. Eso de por ejemplo: La Nación no va bien, va mejor. Ahora pongo la mitad de señoras y la otra mitad de hombres, independientemente de su valía política.

Quiero también recordar que la situación política, en aquellos momentos, era muy peculiar. Ya saben lo de los atentados de las torres mellizas y demás; pero desde luego, puedo asegurarles, que a quien suscribe no lo volverían a engañar de nuevo. Un Señor que a las duras machaca a los trabajadores para facilitar el mantenimiento del poder bancario.

Supongo que alguien, dentro del supuesto Partido que supuestamente gobierna, se irá dando cuenta de por donde van realmente las encuestas.


ARALBA

jueves, 15 de septiembre de 2011

Filosofía del misántropo


Tenemos un buen amigo que es sociólogo, Martín vamos a llamarlo, y en una de las tantas conversaciones que solemos mantener le comenté lo interesante que podría ser que realizase un estudio respecto a las actitudes de los individuos en el metro de Madrid. 

Cuando le comenté eso, me puso cara como de, entre incredulidad y sorpresa. Porqué me comentas eso, dijo. Yo le contesté con otra pregunta ¿Cuanto tiempo llevas utilizando el auto para desplazarte? Martín dijo, como sonriendo, ya ni me acuerdo del tiempo que hace. Durante un instante se mantuvo callado y al rato me insinuó que probablemente hiciera ese estudio que yo le había indicado. Ya que, al menos, podría resultar curioso.

A Martín no le volví a ver hasta pasado más de un año, ya que tuve que salir, por cuestiones de trabajo, fuera del país. Evidentemente, cuando regresé a Madrid una de las primeras cosas que hice fue buscar a mi amigo del alma.

Cuando nos encontramos, Martín había cambiado ostensiblemente y su peculiar alegría, pareciera como que se hubiese convertido en algo así como tristeza, melancolía o que se yo. Te veo cambiado le dije. Ya te digo, me contestó. Sí, amigo Aralba, hice lo que me dijiste antes de que marcharas a esas tierras bábaras que tanto te atraen, continuó. ¿De que hablas, pregunté? Enseguida entendí que Martín se había tomado al pie de la letra lo de aquel trabajo de sociología a realizar en el suburbano de la Capital de España.

Mientras el me contaba, yo permanecí a la escucha, sin apenas parpadear. Al principio no le di importancia, dijo, y empecé a trasladarme por metro a todos los lugares que iba. Sí, aunque parezca mentira dejé aparcado mi añorado auto para desarrollar una tarea que me llevaría cerca de un año. Terminé poco antes de que tú regresaras; pero transcurrido un poco de tiempo desde que empezara a utilizar ese vehículo subterráneo empecé a comprender que la gente, viajando en metro, se convertía en gentuza. Quedé asombrado cuando usó esa expresión tan poco habitual en Martín; no obstante permanecí callado esperando las próximas palabras del sociólogo y amigo.

Veía como la gente se comportaba como los buitres a la espera de conseguir algún asiento para reposar sus posaderas. No se conformaban con ocupar un lugar libre, en pié, dentro del vagón. No, yo observaba, como investigador que soy, los gestos y las caras. Les iba la vida en poder conseguir un asiento y si no lo conseguían se sonrojaban como si estuviesen avergonzados por ser más lentos que los vecinos que sí conseguían su preciado tesoro. Al rato, sus rostros se transformaban como en desprecio. Sí, aunque parezca mentira, yo veía, como si los pensamientos se pudiesen convertir en realidad, que hasta habrían matado por ello.

Permanecí expectante, mientras mi amigo continuaba su interesante relato. Cuando se sentaban sacaban un libro, si a ese tipo de mamotreto de seiscientas páginas se lo puede denominar así, y comenzaban a leer con fruición aquellas interminables novelas de ficción. Comencé a comprobar como miraban a las musarañas cuando algún anciano, embarazada o tullido subían al vagón. Es como si se hicieran los locos, para que aquella pobre persona no se fijase en ellos y tuviesen que ceder sus asientos. Poco a poco, al contrario del concepto rousseauniano, positivo, que yo tenía acerca del individuo humano, comencé a sentir desprecio por la especie a la que yo mismo pertenecía. Que débiles somos me decía. Si no tenemos grandes necesidades podemos parecer hasta nobles; pero cuando los individuos se masifican empieza a salir el animal que llevamos dentro. Mi propio egoísmo es más importante que la necesidad de nuestro vecino. Todos tenemos nuestros propios problemas. Que cada cual cargue con los suyos que es más importante mi comodidad que la imperiosa necesidad de los otros. Sí, yo veía a los antes pasajeros, ahora clientes del metro madrileño, como cornejas escabulléndose, observando de reojo para como espermatozoide, que le fuera la vida en ello, conseguir entrar en el óvulo que le proporcionara algo más de tiempo para seguir viviendo, aunque fuera en otra forma; en este caso concreto como ser despreciable ruín y mísero.

No salía de mi asombro, tras las palabras pesarosas de Martín mi Amigo del alma; pero eso no fue lo peor, sino lo que vino después, tras terminar su relato. Aralba amigo, me dijo, lo peor de todo no es lo que yo viera en unos y en otros, en los demás, sino lo que pude observar en mí mismo, pues poco antes de terminar ese trabajo que tu me propusieras, antes de tu marcha, hice un ejercicio de voluntad como de salir de mi propio cuerpo, no ya para observar a los demás sino a mí mismo y lo que descubrí es lo que me ha cambiado y me ha convertido en un ser taciturno y triste. Comprobé que todas aquellas canallas que cometían los demás, sin darme cuenta, yo también las realizaba y tras aquella sensación extraña abandoné mi investigación en el metro y regresé a mi auto de siempre como quien intentara salvarse de no se qué.

Desde entonces, Aralba, el aprecio que tenía por el Ser humano, pensando que era un Ser bueno en esencia, se convirtió en una misantropía, desprecio, que ya no me ha abandonado. Sí, me dijo, desde entonces me he negado a volver a coger el metro y no lo haré aunque la vida me vaya en ello. Si mañana ocurriera un desastre, mis párpados no soltarían una sola lágrima por una Especie animal que no merece sobrevivir, incluido yo mismo.

Tras aquella conversación con Martín, quedé terriblemente apenado; pero sobre todas las cosas, agredido emocionalmente. Desde que tuvimos aquella última charla no hemos vuelto a vernos. Quizá no me sienta cómodo ante la presencia de alguien que mantiene un concepto tan negativo, respecto al Ser Humano. Yo, sin embargo sigo cogiendo el metro para viajar; pero no obstante, veo con otros ojos todo lo que acontece a mí alrededor y tengo que estar de acuerdo, con Martín, en algo y esa Cosa no es digna de mi respeto.

ARALBA

domingo, 11 de septiembre de 2011

Invocación mágica al Alma Gemela


Bajo los auspicios del Fratrer Platón

¡Alma Gemela, ven a mí!


Este dolor que constriñe mi corazón, no me deja vivir, pues vivir no es solo comer, beber, excretar, reproducir y que se yo…, incluso, como ahora, intentar construir un edificio con ladrillos de poesía.

Vivir, en mayúsculas, es aprender a morir

Poder morir al calor de tu regazo, cual miserable y oscura oruga dentro del cálido abrazo de su crisálida moribunda.

Solo tú, gemela mía, conoces el mensaje.


¿De que color es el caballo blanco de Santiago?

Mal que te pese, tu libertad no será completa hasta que, éste, tu humilde vasallo pose su lengua sobre tu empeine, limpiando cualquier impureza que este mundo te haya podido impregnar.

Veneno vital que necesita mi Alma…, que es la tuya para poder, ambos, evolucionar.

Tránsito que unos dicen infernal; pero yo, que es glorioso y conducente a la inmortalidad.

Yo, pareciendo libre no lo soy

Doliéndome un brazo, esa sensación produce opresión.

Eso me estorba, me digo, parece ajeno a mí.

Porque me duela el brazo ¿helo de cercenar?

Por el contrario deberé intentarlo curar; pero nunca separarlo de mí.

No, Amiga mía, Alma Gemela. Mi Alma no considera que a eso pueda llamárselo libertad.

¿De qué huimos? ¡Dímelo!

Esa carrera inconsciente… ¿Hacia donde nos conduce?

A dar vueltas y más vueltas, en la vida, como un par de locos que no se pueden encontrar.

Que bien lo retrata nuestro Hermano Michael Ende en su Espejo en el Espejo

Tú eres joven y buscas, con vehemencia, a tu otro Yo.

Ese es tu esfuerzo, durante el transcurrir de la Vida; pero ¡Ay!, cuando lo encuentras es un anciano irreconocible y te niegas a aceptar la evidencia.

Con posterioridad seré yo quien recorra ese mismo camino, buscando aquello que mi corazón siente y echa en falta. Igual que tú cuando lo halle retrocederé diciendo que estaba equivocado.

¡OH, Rueda Infernal! te ordeno e imploro que detengas tu perpetuo movimiento y que pareciera no tener final.

¡OH, Amada Tierra! párate y déjanos bajar, como dijera algún que otro viejo roquero.

Ya se acerca la hora, lo siento en mi Ser.

¡OH, Alma Gemela! ya nominada, yo te invoco para que las dos caras de una misma moneda podamos formar.

Las almas gemelas no son iguales, ni con gustos parecidos. Son complementarias y por ello diferentes. Sin embargo se necesitan mutuamente y no podrían, la una sin la otra, subsistir.

Así como el opuesto de Géminis es Sagitario, uno tiene lo que al otro le falta.


Dame la mano, Amiga mía, y bajémonos de este maldito tranvía.

El Tren celestial nos espera para que comencemos un larguísimo viaje hacia el Corazón de donde se originó todo. Allí, donde solo el Amor es la única Ley y donde la fraternidad universal sea viable.

Dame la mano, Amada mía, y unámonos en un ardoroso abrazo, que hasta las entrañas de la tierra haga temblar.

El Súper Hombre no es Uno sino Dos.

El Creador no es uno, ni tan siquiera dos. El Creador somos todos abrazados y fusionados por tan celestial Amor.

Ese es nuestro destino sagrado.

¡Alma Gemela, ven a mí!

Mi Fuerza eres tú y tu llanto mi debilidad.

¡Alma Gemela, ven a mí!

Tu triste corazón, ahora, es aplacado por el Amor del Profeta Samuel; pero debes saber que día llegará en el que cuenta te des que, tanto tú como yo, solo uno somos.


Pues ¿Qué podría hacer Shiva sin Kali?

Kali dicen que es una diosa tenebrosa. ¿Qué utilidad tendría la Luz de Shiva si el negro seno de su satki fuera infértil?

Sin la luz de Shiva, la fertilidad de la Diosa sería impotente.

Shiva es el Dador de luz, la energía

¿Qué necesidad habría del hambre de Kali por ella?

La que tenga oídos para oír que oiga.

El que tenga ojos para ver, que vea.

Regresa a mi, ¡Oh, amada mía!

Hace ya eones de tiempo que lloro por la pérdida de mi sombra o ¿Quizá sea yo la sombra de ella?

Si, soy Peter Pan el niño que un día perdiola y negándose a crecer la intenta recuperar.

Sol y Luna

Tierra y Mar

¡Oh, Gran Isis!, Luna deslumbrante y productora de mareas.

Kali, cuan grande y hermosa es tu terrorífica belleza.

Mar, María, madre de todo lo creado.


Devoradora de tus hijos eres en esta tu Gran Era. Shiva te llora amargamente y con egoísmo espera paciente ser decapitado.

Pues a este creador le falta el crisol donde su luz pudiera, con tan tremenda energía, crear sin al mismo tiempo destruir.

Yo, divinidad de los muchos brazos, te he enviado la fuerza de los ángeles para que te protejan en esa huida hacia una falsa libertad.


Es lógico que bajo tu férreo reinado, Señora, las hembras humanas hayan sabido recobrar su perdido protagonismo.

Hace ya, eones de tiempo, amada mía, que me encuentro como en diferentes cuevas que se encontraran como en una sola y donde la luz del día jamás ha penetrado.


Siento la tristeza del escorpión.

Siento la tristeza de la viuda negra.

Siento la tristeza de la mantis religiosa.

¿Qué poseerían sus machos después de  copular con sus amadas si después, a su suerte, son abandonados?

Devoradora mía.

Acaso ¿No quieres hacerme daño?

¿Por eso abandonas el barco al pairo, arrebatándome a nuestro hijo?

En la Naturaleza siempre, de un modo u otro, es la Hembra quien siempre devora al Macho.

Esa es la cópula mística de las almas gemelas.

El fuego del atanor devora el contenido del crisol y al unísono se devora asimismo para dar lugar al Oro de la Naturaleza Superior.

Quizá necesitemos de más experiencia en nuestro actual grado de existencia.

Quizá, este pretendido dios, necesite más palos para seguir aprendiendo aquello que tan tozudamente se niega a aceptar.

Lección de Humildad, quizá, como diría el padre Mendoza.



ARALBA